La Divina Efjaristía

 

¿Cuál es el sentido más profundo que se da en el culto cristiano en el misterio de la divina comunión o efjaristía?

 

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Hijos míos, el Misterio de la divina Efjaristía o comunión constituye el corazón de todos los Misterios y obviamente de la divina Liturgia que lo enmarca y acompaña. Es el corazón del corazón, no sólo del culto sino también de nuestra fe. Porque allí se celebra y honra solemnemente el mismo Cuerpo y Sangre de Cristo. Tenemos al mismo Cristo, al verdadero Cristo con Su naturaleza somática verdadera presente. Digo con su naturaleza humana presente. Esto es lo más conmocionante y esto constituye, diríamos la esencia de todo el tema.

El Cristo dijo: “Tomad y comed, este es mi cuerpo, y bebed todos, porque esta es mi sangre del Nuevo Testamento que se ha derramado para muchos en absolución de sus pecados y esto hacedlo en memoria mía”(Lc 22,20). Esto nos lo dice el Evangelista Lucas y añade el apóstol Pablo en su 1ª epístola a los Corintios: Nadie más que los alumnos de Cristo no han entendido tan bien el Misterio de la divina Efjaristía y ellos nos lo han descrito tal como se lo dijo Jesús Cristo y ellos lo entendieron. Por eso el apóstol Pablo escribirá: “Porque yo he recibido del Señor, aquello que os he entregado a vosotros. Que en el día que el Señor se entregaba, tomó pan y agradeciendo con oración hacia el Padre, partió el pan y dijo: tomad y comed, este es mi cuerpo,…” Porque el Señor se le aparecía a Pablo y toda esta gnosis-conocimiento no la tomaba de otra mano, es decir, de otro alumno o Apóstol, sino directamente. Así, pues, vemos que aquí las cosas son exactamente lo que dijo el Señor.

Y si queréis ver la otra cara, la negativa. ¿Quizá no haya sido bien entendido?. Esto se vió por un acontecimiento. Cuando el Cristo una vez dijo a la multitud y a los representantes que fueron, en aquella comida de los cinco mil de Capernaum, que después le buscaban, les dijo: Me buscáis porque os habéis saciado de comida, no busquéis el pan que se pierde, sino el pan que permanece y da la vida real. Ellos preguntaron, ¿cuál es este pan?. Y el señor contestó: Yo soy el pan verdadero que baja del cielo, el verdadero maná. Son realmente palabras conmovedoras y verdaderas, tened atención: “El que no come mi cuerpo y no bebe mi sangre, no tiene vida eterna, ni perdón, ni absolución de pecados”. Como lo entendieron muy bien, se extrañaron, ¿comer su cuerpo y beber su sangre?. Por eso dijeron: es muy duro este logos. Y le dejaron y se marcharon. Entonces cuando el Señor vio que le dejaron y se marcharon, se giró hacia los doce alumnos, y les dijo: Quizás, ¿vosotros también queréis marchar?. Porque es esto lo que dije, lo cual significa que el pan y el vino, eran Su cuerpo y Su sangre. Realmente, si se entiende literalmente sería mal entendido, entonces podría decir a los representantes, estos que vinieron de Capernaum, mirad, no daba a entender que me trocearéis para que me comáis, sino que daba a entender de forma metafórica, icónica, alegórica, simbólica, o tomadlo como queráis. Pero no sólo esto, sino que gira hacia los alumnos y les dice: Si creéis que os digo algo diferente de lo que dije, iros también vosotros.

Así, pues, el Señor daba a entender esto que entendieron y conceptuaron los alumnos. Realmente es Su cuerpo y Su sangre. Para que esto lo veamos muy bien, veremos una confesión que ha hecho Dositheo de Jerusalén y la 17ª condición de su confesión, a causa de la aparición en la historia de los protestantes. Dice: “Durante el Misterio de la divina Efjaristía creemos que está presente el Jesús Cristo. ¿Pero de qué forma está presente? Porque ahora también está presente Cristo aunque vaya a la montaña o donde sea. Y dice que en el pan y el vino está presente, pero no de tipo, es decir, de una manera que el vino y el pan sean como un tipo de Su cuerpo y sangre, no. Tampoco icónicamente, es decir,  que iconiza o es una icona de Jesús Cristo, ni en el pan y ni en el vino hay una jaris (gracia, energía increada) superior a Dios, ni es una presencia a causa del pan y el vino, ni una coexistencia dentro del pan y del vino, nada de nada de todo esto que dicen los protestantes. Sino real y verdadero, es el Cristo real y verdaderamente.

Así que, después de la santificación del pan y del vino, “transformarse, cambiarse y transubstanciarse” de estos tres términos se ha predominado decir “metábole, cambio” “transformado por el Espíritu Santo,….” Y por un lado el pan después de la santificación se transforma en este cuerpo verdadero del Señor. ¿Cuál cuerpo?. Aquí ahora es lo estremecedor: aquel cuerpo que tomó el Logos de la siempre virgen María Zeotocos (la que da a luz a Dios), aquel cuerpo que fue bautizado en el Jordán; padeció sobre la Cruz, fue sepultado, resucitó en aquel cuerpo que tocaron los alumnos, es el mismo y es este el que ascendió al cielo, se sienta a la derecha del Dios y Padre, el que va a venir sobre las nubes del cielo en el futuro y vendrá para juzgarnos. Con respecto al vino también se transforma, transubstancia en la sangre real del Señor, esta sangre que se derramó para la vida del mundo por el Señor cuando fue clavado en la Cruz. ¡Esto es lo más estremecedor! Por esta razón toma y tiene sentido y significado toda nuestra fe, porque tomamos este cuerpo y sangre de Cristo. Por eso no podemos comulgar si no estamos preparados, no se debe y por eso tenemos cuidado que tengamos algún perjuicio. Por eso nos preparamos, todo por esto. Repito, no tendría sentido nuestra fe, si tuviéramos presente a Cristo, tal como exactamente nos dice esta confesión del Dositheo de Jerusalén.

Y san Cirilo de Jerusalén dice: Lo dijo el Señor: este es mi cuerpo, ¿quién, pues, se atreverá a dudar que no es el cuerpo de Cristo?. De este Señor que certificó y aseguró diciendo: Esta es mi sangre, ¿quién puede decir que no es la sangre de Cristo?. Me diréis que cuando comulgamos, no sentimos sino el sabor del vino y del pan. De acuerdo, esto no es importante y sobretodo algunos cuando comulgan cierran sus ojos -y eso no es bueno, porque puede que sufra algún daño el que hace esto- para que puedan emocionalmente sentir el cuerpo y la sangre de Cristo. Es decir, quieren de alguna manera salirse de sus sentidos. No es bueno esto.

¿Entonces mis sentidos no sentirán más que pan y vino?. Es sencilla la respuesta. Cuando el Jesús Cristo, es decir, el Logos de Dios se hizo hombre y fue conocido como Jesús, ¿los hombres qué veían?. Veían a un hombre. Pero con este hombre estaba unida la naturaleza divina y la humana. Por lo tanto, tal como entonces veían un hombre común, mientras que también era la deidad unida con la naturaleza humana, así también aquí vemos pan común y vino común; en cambio, en realidad, es este mismo cuerpo y sangre del Jesús Cristo; tal como los hombres entonces no veían la deidad, lo mismo nosotros no saboreamos ni vemos en nuestros ojos el cuerpo y la sangre de Cristo, tal como creeríamos si fueran un cuerpo, carne con sangre. Y esto si queréis, no sólo se mantiene de esta manera el testimonio de la fe, sino porque sería muy feo; nos pasaría lo que les pasó a los de Capernaum, esto lo dicen los Padres. Cómo podemos comer su carne y beber su sangre, cuando realmente es cuerpo y sangre de Cristo. Esto hijos míos, es el centro sobre el cual gira todo el contenido de nuestra fe y si esto lo sacáis de contexto, entonces no tenemos nada. Entonces el cristianismo automáticamente se convierte en un sistema filosófico, social, ético, llamadlo como queráis. Una cosa más. Todas estas cosas, ¿en dónde están basadas? En que aquel que las dijo, el mismo Jesús Cristo, Éste resucitó y ascendió al cielo, por lo tanto es verdadero y aquello que dijo es verdadero. Todo está basado en esto. Todo lo concerniente a esta pregunta  es muy importante ya está respondido y tengamos mucho cuidado sobre esto.

Os sugeriría que siempre estudiéis algo sobre el acto litúrgico, porque debemos entender nuestra praxis litúrgica, porque esta nos trae muy de cerca a la realidad de nuestra fe.

Traducido por Jristos J.

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