5º Domingo de cuaresma, Camino hacia el Pazos-Pasión

Evangelio Marcos 10, 32-35 

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1. Hacía el Pazos-Padecimiento voluntario

El Señor Jesús Cristo y Sus discípulos están andando el camino hacia Jerusalén. Pero este camino no es un viaje ordinario. Es camino hacia el Pazos-Pasión o Padecimiento, el martirio y la muerte. Además, el Θεάνθρωπος (zeántropos, Dios y hombre) había advertido a Sus discípulos. En general había predicho que será entregado en las manos de los hombres (Mr 10,31). Ahora determina concretamente que será entregado en los soberanos judíos y ellos le condenarán a muerte, y también será entregado en los soldados idólatras romanos. Además añade los detalles de los pazos que él sufriría, las burlas, los azotes y los escupitajos, y concluye con la afirmación que el tercer día de su muerte resucitará.

¿Pero por qué el Señor profetiza las cosas que Le iban a ocurrir? Para preparar las psiques de los discípulos, de modo que no sean asustados excesivamente, cuando Le vean sufriendo los terribles pazos-padecimientos, sino que los mismos más tarde sufrirán persecuciones y martirios. Y por una razón más: para que conciencien Sus discípulos y todos nosotros que ahora estudiamos Su vida, que se entrega voluntariamente, padece y se conduce a la muerte. Porque si él quisiera, podría escaparse, puesto que conocía de antemano lo que Le iba a ocurrir. Pero el hecho que avanza firmemente hacia el sacrificio, revela la dedicación y obediencia voluntaria Suya a la voluntad divina, para que sea sacrificado “por la sanación, la salvación y la vida del hombre” (Divina Liturgia de san Basilio el Grande).

2. Nuestro interés real

Sin embargo, mientras que el Señor habla a Sus discípulos sobre los terribles padecimientos que iba a sufrir, aquellos comienzan las discusiones sobre quién tendría la posición más prestigiosa en Su reinado, que entonces lo entendían como terrenal. ¡Plena paranoia! Por eso el Señor les dijo claramente: “No sabéis lo que estáis pidiendo”.

Ciertamente nos asombra el comportamiento ilógico de los discípulos, quienes, está claro, que aún no habían renacido de la Jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo. Paro a nosotros también ocurre que a veces cometemos el mismo error.

El Señor nos pide unas cosas ciertas y nosotros con nuestras obras buscamos otras. El Señor nos indica la humildad y ser desapercibidos, y nosotros puede que busquemos el reconocimiento de nuestras obras, la proyección, el prestigio, el estatus y el reconocimiento social.

Nuestro Señor nos exhorta a conseguir el tesoro celeste, y nosotros muchas veces perseguimos bienes materiales, como única fuente de felicidad. El Señor nos pide negar al mundo del pecado y sus deseos, y nosotros muchas veces insistimos en dar importancia en lo “qué van a decir la gente”.

Todas estas cosas que nosotros pedimos insistentemente, generalmente nos meten en líos y problemas. Al contrario si aprendemos a discernir lo que quiere el Dios, entonces tendremos lo que realmente necesitamos. Porque sólo el Dios benevolente y omnisciente sabe lo que es de nuestro interés. A Dios pues, tenemos que rogar a que nos regale “las cosas buenas y beneficiosas para nuestras psiques”, y entonces no sólo tendremos lo que nos beneficia, sino que estaremos totalmente reposados, serenos y pacíficos.

3. Quién resulta primero

¡Qué gran diferencia hay entre la mentalidad del mundo y el espíritu de la enseñanza de Cristo! Con la mentalidad del mundo el primero entre las personas es aquel que tiene el poder en sus manos y todos dependen de sus órdenes. Pero el Evangelio revela una estimación totalmente distinta sobre quién es verdaderamente grande y primero. Lo dijo el Señor: “el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor”.

Los grandes de verdad, no son los que se sienten en las primeras posiciones y disfrutan de tratos especiales y elogios de los demás. Los verdaderos grandes son los que están bien dispuestos a servir. Estos que “se rompen en mil pedazos” por la agapi (amor desinteresado) para sus hermanos.

Esta lección de servicio excepcionalmente humilde nos ha enseñado el Θεάνθρωπος (zeánzropos, Dios y hombre) de manera instructiva, cuando él mismo se puso el delantal para lavar los pies de Sus discípulos. Esta lección veremos que la predica silenciosamente en los días siguientes el Crucificado. Mientras que se va acercando la Semana Santa, giremos pues, nuestra mente y vista hacia al Señor que avanza hacia Su voluntario Pazos (Pasión, Padecimiento), para inspirarnos de Su espíritu: espíritu de sacrificio y ofrecimiento, de humildad y agapi (amor desinteresado). Amín.

 “Ο ΣΩΤΗΡ” Sotir

Cruz

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ                                                                                       Traducido por: xX.jJ

 

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