5º Domingo de Cuaresma, Santa María la Egipcia

Santa María Egipto  

xX.jJ: Al final del texto hemos puesto la traducción de las palabras claves:

Jaris Χάρις τού Ζεοῦ (jaris tu Zeú) Gracia de Dios.
Μετάνοια Metania
Μυστήριο Misterio (sacramento) 
Mυστηριακή ζωή Vida mistiriaca

El 5º Domingo de cuaresma constituye el principio de la última semana de la Gran Cuaresma. El sábado que viene, es de san Lázaro, significa el final de este período solemne, y es considerada como el tipo o modelo de toda la vida del Cristiano; en el sentido que todo esto que estamos llamados a vivir particularmente la Cuaresma -la oración más intensamente, el ayuno más consistente, la metania (introspección, arrepentimiento y confesión) más profunda, la mayor agapi y la caridad. Todo esto debe determinar también nuestra vida cada día. No olvidemos que “la forma de vida la produce este mundo” (San Pablo), así que lo más sustancial para el hombre es su giro hacia el Dios y la comunión con Él en agapi ardiente.

Las palabras del santo Yérontas Paisios en este caso son estimulantes: ¡Toda mi vida es una Cuaresma! Esta última semana, pues, nuestra Iglesia toca por última vez la “campanilla” de nuestra sanación y salvación. No nos excusemos diciendo que “ahora ya se ha pasado el tiempo, ya no se puede hacer nada”. Y esto lo hace la Iglesia proyectando una mujer que ha vivido tremendamente la metania y por ello es considerada como modelo de metania: ¡la santa María la Egipcia!

Unas pocas referencias sobre la vida de la Santa y unos comentarios sobre ella, nos convencerán absolutamente sobre esta verdad en este caso.

La santa María cuando tenía doce años, se escapó de sus Padres y fue en Alejandría, donde hizo una vida disoluta por 17 años. Después movida por la curiosidad, se fue con muchos otros peregrinos a Jerusalén, para encontrarse en la Elevación de la Santa Cruz. Allí se dedicó otra vez en todo tipo de pecados y vicios, arrastrando a muchos hombres al fondo de la perdición. Pero cuando quiso entrar a la Iglesia, el día que se elevaba la Cruz, sintió tres y cuatro veces una fuerza invisible que la impedía la entrada, mientras que la multitud de gente entraba intactos, sin impedimento al templo. De este acontecimiento se hirió profundamente su corazón y decidió cambiar de vida y a continuación con su metania regresar a Dios. Retornó, pues, otra vez en la Iglesia después de esta decisión y entró fácilmente. Reverenció la Santa Cruz y el mismo día se marchó de Jerusalén. Pasó el río Jordán y entró en los interiores del desierto, donde vivió 47 años. Estos años para María fueron años de oración, de ascesis dura y sobrenatural. En los finales de su vida encontró un eremita, llamado Zosimás, se confesó en él toda su vida y le rogó que la trajera los misterios (sacramentos) inmaculados para comulgar. Esto se hizo el año siguiente, el Jueves Santo. Cuando el año próximo el Abad Zosimás volvió, encontró a María muerta, mientras que a lado de ella habían escritas las siguientes palabras: “Abad Zosimás, entierra aquí el cuerpo de la desgraciada María. He muerto el mismo día que comulgué los inmaculados misterios. Que ores por mí”.

¡Sin embargo! Hasta esta situación el benévolo Dios la aprovecha. Encuentra la oportunidad para llamarla en metania de una manera personal para ella. Sin ridiculizarla, sin revelarla la miseria de su vida, la hace concienciar el abismo de su penuria. Realmente el método de Dios tiene éxito. María se arrepiente y se convierte. La primera observación, pues, concierne la ingenuidad de la agapi (amor, energía increada) de Dios. El Dios lo utiliza todo en nuestra vida para lanzarnos en Sus brazos. Y la razón: ¡es que es nuestro Padre!

2) Una segunda observación se refiere a una aparente paradoja: el Dios cierra la entrada en el templo sólo a María. ¿Por qué es paradójico?  Porque el Dios con Su Iglesia acepta cada hombre que se acerca a Él. “Al que viene hacia a mí no lo expulsaré” (Jn 6,37), dijo el Señor. Y cómo se podía hacer, ya que el Señor vino precisamente para esto: llamar e invitar a los pecadores en metania (introspección, conversión, arrepentimiento y confesión). Cada pecador que se acerca a Dios y a la Iglesia, está bien recibido de Él. Además, en la Iglesia todos así venimos, o por lo menos debemos venir: como pecadores (enfermos psíquica y espiritualmente) que tenemos necesidad de sanación y salvación. Por eso nuestra Iglesia nunca hace separación de hombres pecadores y no pecadores. Porque todos los hombres absolutamente somos pecadores (enfermos). “Todos hemos pecado y todos nos privamos de la doxa=gloria (luz de luces increada) de Dios” (san Pablo).

¿Pero, por qué el Dios entonces cerró la entrada para la pecadora María que se estaba acercando a Él? Precisamente porque venía al templo sin la disposición de ir junto a Él. Es decir, María quiso entrar al templo sin metania, sin la decisión tomada de cambiar su vida. Esta prohibición funcionó positivamente para María. La conmovió y la condujo en metania. Pero apenas tomó la decisión para el cambio de modo de vida, inmediatamente se abrieron las entradas para ella.

Precisamente el Dios así llama y acepta a todos, por muy pecadores que sean, pero con la única condición de convertirse, arrepentirse y confesarse. Y esto porque una relación del hombre con Dios, sin metania, significará la condena y la perdición del hombre. El Dios no ofrece su Jaris (gracia, energía increada) de forma mágica. Pide la correspondencia del hombre, que se expresa principalmente como metania. Además no olvidemos que el infierno algo así es parecido y definido por nuestros santos: como relación con Dios, pero en estado sin metania y en el sentido que la agapi (amor, energía increada) de Dios en un tipo de hombre así funciona negativamente, es decir, como infierno.  Así que el antídoto de cualquier pecado nuestro, por muy grande que sea, es la metania. Esta es la llave que nos abre la entrada del cielo.

3) Me gustaría hacer una tercera observación. El Dios quiso llevarse la María de este mundo, cuando aquella había terminado y perfeccionado su metania. Y eso se hizo con su confesión y la comunión de los inmaculados misterios. Realmente es conmovedor, cuando uno piensa que para María los 47 años de su vida ascética fueron años de preparación. Se había sanado y purificado a la medida que era posible para ella. Transcendió sus pazos y pecados. Sin embargo, lo perfecto –dentro de los marcos humanos creados- vino con la confesión y la divina Comunión o Efjaristía. La demostración: apenas comulgó, durmió y su psique voló en las manos de su Creador.

Por supuesto que esto entre otras cosas significa que nunca el hombre puede perfeccionarse, deificarse o lograr la zéosis, según la terminología más teológica, si no participa en la jaris activa de los misterios de la Iglesia y sobre todo el de la divina Efjaristía.  En otras palabras la realización integra del hombre no es cuestión de su propio poder, sino con su cooperación con la todopoderosa jaris (gracia, energía increada) de Dios.

La metania es el camino único. Otro camino para nuestra introducción en la Realeza increada de Dios no existe. Esto es nuestro mayor consuelo. Dada la agapi (amor, energía increada) de Dios y nuestra pecaminosidad, la metania es el vínculo de estas dos. No tenemos nada más que hacer, sino seguir el camino junto con nuestros santos, con la santa María la Egipcia que hoy festejamos. Es el camino que en cada paso nos lleva en relación inmediata con Cristo Dios.  Amín.

Padre Jorge Dorbarakis

 

Jaris Χάρις τού Ζεοῦ (jaris tu Zeú) Gracia de Dios ” (Jn. 1.14,16,17) es energía divina increada, innata e inherente riqueza de la Deidad. Especialmente en el campo de la redención, la Jaris es en particular el don de Dios, que se derramó del sacrificio de la Cruz de Cristo, y funcionando dentro en la Iglesia, envuelve al hombre débil y pecador, lo santifica cuando colabora libre y voluntariamente y le hace conseguir la zéosis. De la palabra Jaris viene c-jarísma, don, que es regalo de Dios en todos los hombres sin excepción alguna. No se puede exigir como “recompensa” por obras buenas. Pero se atrae especialmente con la ταπεινοφροσύνη (tapinofrosini, actitud sensata y humilde interior), por la metania y el corazón quebrantado  (cf.1P 5. 5). La divina Jaris se da con los santos Misterios ortodoxos de nuestra Iglesia. Esencia y energía están relacionadas; no hay esencia sin energía ni energía sin esencia. San Gregorio Palamás nos dice apofáticamente “No de la esencia conocemos a Dios sino de Sus energías increadas y de la esencia increada tenemos energía (o energías) increada y de la creada esencia creada energía”. Los heterodoxos están muy confundidos y oscurecidos sobre éste tema.

Metania, Μετάνοια Metánia del verbo μετά-νοώ, metá=después, con, y noó= concibo, percibo con el nus como energía y el corazón como esencia. Quiere decir giro del nus (metanús), introspección y conversión de la conducta y mentalidad del hombre y sobre todo giro, cambio de actitud de la vida en pecado y del mal por la vida en Cristo. La metania en la Tradición Ortodoxa no proviene de una percepción psicológica de culpabilidad, sino de la apocálipsis (revelación) de la deformación de la psique y esta apocálipsis se manifiesta de la energía increada de la divina Luz en el corazón psicosomático del hombre. El nuevo Testamento empieza y acaba con la metania (Mt 3,2 Lc 24,47)

Misterio y vida mistiríaca Μυστήριο (mistirio, misterio, sacramento). «Y conozco al tal hombre, si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios los sabe, que fue arrebatado al paraíso, donde escuchó logos, verbos inefables, que no le es dado al hombre expresar» (2ªCor 12,3-4).

La palabra Helénica misterio significa “iniciación”, “secreto” y “revelación y secreto”. El Cristianismo heredó este concepto y por extensión es “apocálipsis-revelación de Dios”.

Los Misterios son a la vez símbolo y Misterio. Mientras el misterio permanece oculto a los rituales, está en el nivel de lo simbólico e iconográfico. Pero cuando es recibido y la jaris (increada energía) energiza, entonces los Misterios revelan las cosas que están detrás del “velo”. Misterio lleva doble significado, es decir, de algo que está oculto y se revela y a la vez enigma y apocálipsis-revelación.

Pero dentro de la Iglesia los misterios son interminables. Porque dentro de ella todas las cosas liturgizan, funcionan de una manera misteriosa, para que revelen la realeza (luz y energía increada) de Dios. La terapia ascética conecta y se asocia inseparablemente con los Misterios de la Iglesia.

La terapia ascética ortodoxa conecta y se asocia inseparablemente con la vida mistiríaca de la Iglesia. Se trata de la catarsis (sanación), la iluminación y la zéosis o glorificación, que encontramos en toda la enseñanza patrística de la Iglesia. Es dificil que uno crea en la vida Mistiríaca de la Iglesia, si antes no entiende primero, qué significa la palabra “Misterio”. Misterio es algo que vemos que se celebra o realiza, pero es difícil para el espíritu y mente humana entender como se celebra. Si comprendiésemos el modo de realización del Misterio entonces no sería Misterio, sino una praxis-acción acostumbrada de la vida diaria.

Por ejemplo: decimos que el Dios es Trinitario. Os pregunto: ¿quién de nosotros entiende el Misterio de la Santa Trinidad? ¡Tres Personas dentro de una esencia! Este Misterio juzgado o razonado por la lógica humana es paradójico. Pero si uno lo ve con la dimensión de la Fe, entonces entiende que no es paradójico, sino superlógico. Quién puede entender, qué es Dios. Es decir, ¿cuál es la esencia de Dios? ¡NADIE! Y a pesar de eso, creemos en Dios. No porque le entendemos, sino porque sentimos místicamente Su presencia y saboreamos con el corazón Su agapi (amor como energía increada). Es decir, podemos entender las increadas energías de Dios, pero no Su Esencia, tal como, muy bien, han teologizado los grandes Padres de la Iglesia Ortodoxa. Veamos en la Escritura lo que dijo Dios a Moisés, cuando pidió de Dios que le enseñase su Doxa-gloria: “…yo pasaré delante de ti mi gloria… no puede el hombre verme, ver mi rostro y quedar con vida….” (Ex 33 18-20).

Lo mismo ocurre también con todos los temas de la fe que superan las leyes naturales. Los “vemos sin verlos”, “los conocemos sin conocerlos, comprenderlos”, porque todos están enrollados dentro del “divino gnofos”, (san Gregorio de Nicea). (Gnofos, luz que supera toda luz”. Los vivimos y participamos en ellos sólo con la fuerza de la Fe. Si insistimos en creer sólo a lo que entendemos con nuestra lógica limitada, estrechamos inimaginablemente nuestro horizonte espiritual y finalmente no podemos ser Cristianos. Porque, en definitiva, “fe es la hipóstasis (base substancial) de la esperanza de cosas que se esperan y no se controlan y la prueba de aquellas que no se ven, (Heb 11,1). Y es cierto que la fe verdadera presupone humildad, con la cual atraemos la jaris (increada) de Dios. Porque “el Dios resiste, se contraria a los orgullosos, en cambio a los humildes los da Jaris” (Sant 4,6). El humilde que confía a Dios más que a su lógica, con la jaris (gracia, energía increada) de Dios puede entender los Misterios de la Iglesia.

Así, entendemos que, una cosa es el misterio y otra el dogma. Cuando los santos llegan a la experiencia de la doxa-gloria de Dios, viven y ven que Dios es luz, pero entonces también Dios permanece misterio, ya que no pueden llegar a la unión por esencia. La unión del santo con Dios durante la experiencia es mediante la energía increada y no por esencia. Por eso la Santa Trinidad aún en esta experiencia permanece misterio. Aquello que se puede hacer comprensible lógicamente, es el dogma sobre el misterio de la Santa Trinidad. Así los santos Padres la co-participación a la doxa increada de Dios, la cual permanece misterio, también durante la zeoría-contemplación, la expresan con terminología y la hacen dogma que se puede entender. Una cosa es el misterio y otra el dogma sobre el misterio de la Santa Trinidad. Por eso los Padres hacen uso diferente de la terminología de cada época. Pero cuando en un Sínodo ecuménico se determina el significado concreto de la terminología, entonces permanece invariable.

Por lo tanto, el dogma expresa y formula la experiencia de la apocálipsis (revelación), pero nunca la comprensión del dogma significa que paralelamente se entiende el misterio de la Santa Trinidad, que es inexplicable e incomprensible aún hasta su manifestación. Los Padres dicen que los santos ven invisiblemente y escuchan in-escuchadamente, y co-participan in-partícipemente y entienden incomprensiblemente a Dios.

Cruz

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ                                                                                                           xX.jJ

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