La áskisis según la Santa Escritura

 
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Ἄσκησις: Áskisis o ascesis, ejercicio, práctica, entrenamiento, en la terminología cristiana Ortodoxa, se llama el combate, la lucha interior continua del hombre y el método que usa para adquirir el dominio de lo espiritual sobre lo material por corresponder a la llamada de Cristo para entrar en Su Realeza  (San Marcos 8,34). “La realeza de los cielos se fuerza y los que lo fuerzan lo arrebatan, Mateo 11,12”. Esto se consigue con la áskisis, el esfuerzo del hombre en aplicar y cumplir los mandamientos de Cristo y de esta forma sanarse, pasando por las tres etapas de su vida espiritual: la Katarsis del corazón, la Iluminación del nus y la Zéosis por la increada energía Jaris. La áskisis es tarea de toda la vida, pero termina “en el descanso de la apácia (sin pasiones, apegos)” según San Teódoros (Filοkalía). Los 5 sentidos de la áskisis según San Nikitas Stizatos (Filokalía) son: el vigilante o atento, el estudio, la oración, la contención o autodominio y la hisijía (serenidad interior, calma, tranquilidad). Aquél que conectó sus sentidos con ellos, la vista con la vigilancia, el oído con el estudio, el olor con la oración, el sabor con el autodominio, contención y el tacto con la hisijía, rápidamente catartiza  el nus de su psique y debido a que con ellas lo afina, lo convierte en nus con apácia, perspicaz y clarividente.

La agapi (amor) atemporal del Todosanto Dios hacia el hombre, que se manifestó tan magnánimamente después de la creación del hombre en el tiempo, constituye una continua invitación del Creador hacia la criatura para que corresponda a ese Agapi (Amor) con su propio agapi (amor).

  Sabido es que Adán se creó ákakos (sin maldad) e inocente y en el Paraíso del gozo de los bienes materiales y espirituales ya estaba en comunión, conexión con Dios; pero dependía de sí mismo el sumergirse más profundamente cada día en el océano de la divina agapi y su disposición agapítica (amorosa) que desde el principio le había implantado el Creador en su corazón, para que el hombre se desarrollara diariamente en agapi (amor) y divino eros, que es cualitativamente superior, hasta conseguir su plena, perfecta, bienaventurada y feliz unión con la Todasanta Trinidad, y así se constituyera en zeántropos (dios-hombre) por la Jaris (la increada energía).

   Desde luego el Señor (Señor) plantó en el Paraíso el árbol del conocimiento del bien y del mal y le pidió al hombre que no saboreara de su fruto. Entonces le sería posible al hombre, obedeciendo a la divina voluntad y ejercitándose en la áskisis haciendo buen uso de su libertad, ir ganando el camino de la zéosis. La sinergia, colaboración, cooperacióon era indispensable aún en las distintas casas del Paraíso. La áskisis de Adán a la obediencia, fiel aplicación de la divina voluntad del Señor, era el camino y el medio para la plena y perfecta enarmonización de su voluntad con la voluntad de Dios Padre, de manera que Adán correspondiera plenamente a la divina agapi (amor).

   Todos conocemos donde concluiría sí Adán cumpliera el cannon de la obediencia por la áskisis. Metamorfoseándose de belleza en belleza, de  dínamis-potencia en dínamis, de doxa-gloria en doxa, llegaría a la zéosis con el resultado de la impecabilidad y la inmortalidad.

   Lloramos hoy por el pecado de Adán, que tiene consecuencias para todos nosotros. La desobediencia anuló la zéosis que se conseguiría por la áskisis y el apóstata, el hombre desertor, mientras rompió los lazos con la primera Iglesia, es decir, la comunión del Dios Trino con los ángeles y los primercreados, Dios le apartó de esta comunión y empezó a saborear los amargos frutos del árbol de la desobediencia.

  Sin embargo, la oscuridad de su exilio no le dejó impermeable al reflejo de la agapi (amor) de su Padre, que no cesó de llamarle e invitarle con miríadas de formas y maneras para su regreso. El Padre Celeste, como buen pedagogo, usó todos los medios (promesas, amenazas, la ley mosaica, profetas) para el regreso de Su pueblo y mediante él, el mundo entero.

  No obstante, ¡qué difícil es para el hombre después de la caída, negar y olvidarse de su propia voluntad y adoptar la voluntad de Dios! El hombre, como imagen de Dios se oscureció, su fisis (naturaleza) se ha enfermado, el nus se oscureció, la voluntad se volvió débil e indecisa con tendencia más bien hacia al mal que al bien.

   La áskisis ahora es particularmente necesaria para vencer las debilidades, para la catarsis de los oscuros pazos, para el fortalecimiento de la voluntad hacia el bien, para la adquisición de las virtudes y para la aplicación de la divina voluntad. Antes de la caída, la áskisis parecía como un esfuerzo para el cultivo de una tierra fértil. Ahora la áskisis parece como el esfuerzo para el cultivo de una tierra desierta, impenetrable, árida y seca, llena de cizañas y pinchos. Pero cuanto más difícil y dura es la áskisis tanta más necesaria es.

   En el Antiguo Testamento vemos que Dios llama a su pueblo a la metania (arrepentimiento, giro del nus hacia su interior). Le da la Ley; pero la metania y el cumplimiento de la Ley exigen áskisis. El contenido de la áskisis no es sólo el cumplimiento del decálogo, sino de muchos otros rituales, órdenes, ayunos, catarsis variadas, festividades. Mediante estos se pretende una cosa: la áskisis del hombre es que se haga la voluntad de Dios en los grandes y en los pequeños asuntos de su vida diaria. Cuando los ayunos acaban siendo el cumplimiento de una forma exterior, sin la renovación interior y la metania, se escucharán los duros reproches de los Profetas, los cuales censuran no sólo los ayunos sino también la crueldad, la injusticia y la hipocresía de los que hacen ostentación del ayuno. “ Dice el Señor: Yo no escogí este tipo de ayuno, sino que cuando me refiero al ayuno, quiero decir lo siguiente: que disuelvas toda unión con la injusticia, como también disolver los lazos que os estrangulan que os ponen aquellos con que os relacionáis, perdonar a los que han caído en el pecado de la desesperación, y romper y destruir cualquier escrito injusto, que repartas a los pobres de tu pan y comida, que acojas en tu casa a aquellos que no tiene un techo. Si ves a alguien que no tiene ropa, dale ropa para que se vista”.  Isaías Cáp. 58, 6-8 Pág.66+++”

  El eslabón, la anilla de conexión, de unión del Antiguo y Nuevo Testamento, San Juan el Bautista, principalmente es por excelencia un Askitís (asceta). Igual la Profetisa Ana: “no abandonaba el templo de día, ni de noche”   (Luc, 2,37). Ambos se hicieron merecedores de recibir el Espíritu Santo y reconocer al Mesías.

  ¿Qué significado podrían tener los cuarenta días de ayuno del Salvador en el desierto? ¿Acaso no es un aspecto de su extrema filantropía y de la humildad de nuestro Señor que quería dejarnos como ejemplo? “Porque el Señor ayunó 40 días, hizo obediencia a Dios para cumplir el ayuno que no hizo el primer Adán; los Santos Apóstoles determinaron que la cuaresma de ayuno antes de la pascua fuera de 40 días en honor al Señor, que ayunó 40 días en el desierto. Este ayuno no lo hizo Adán, y así perdió la incorruptibilidad, guardando nosotros esta incorruptibilidad que la disfrutaremos mediante el ayuno “ (Del Sinaxario del Domingo del Queso)

  El mismo Señor nos hablará de la puerta estrecha,  del camino torcido, por el verdadero ayuno, de la necesidad de forzarse el creyente a sí mismo gracias a la Realeza de Dios, como también de la necesidad de lucha intensiva. Todo esto constituye la quinta esencia de la áskisis, sin la cual a nuestra reaccionaria fisis-naturaleza no le es posible metamorfosearse transformarse por la increada energía Jaris.

  Además, el Señor con la totalidad de Su vida  (perfecto agapi-amor, pobreza, ayuno, contención, oración, obediencia) nos especificó el tipo del nuevo hombre como ascético.

  El ejemplo ascético del Señor lo siguieron los Santos Apóstoles y desde luego el asceta por excelencia, San Pablo, el cual no sólo se retiró al desierto de Arabia para áskisis, sino que sentía la fuerte necesidad de áskisis en toda su vida esforzándose, y esclavizó su cuerpo a la psique para que no pareciera un aprendiz (1ªCor. 9, 27).

Archimandrita Georgios, Yérontas Santa Montaña Athos
 
Cruz

Traducido por: xX.jJ

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