FALSAS EXPERIENCIAS DE LA JARIS

 

 Los hombres tienen falsas experiencias de Dios porque creen que solos, por sus propias fuerzas, en herejías, en grupos, en seminarios o en reuniones religiosas fuera de la Iglesia pueden recibir la Jaris, la energía increada del Espíritu Santo. Así pues, se acaban juntando con algún joven “profeta” que hace de jefe junto con estos hombres que creen que reciben la visita y la Jaris de Dios.

  Por casualidad me encontré una vez en una reunión de pentecostales en América en 1966 cuando me encontraba por allí.  La “iglesia” de ellos era como una aula de colegio. Al principio, un órgano comenzó a tocar una música con sonidos suaves y con un volumen bajo; a medida que avanzaba se hacía más fuerte, más ruidosa y exaltada, produciendo un estado de excitación. Terminó la música y empezó a hablar el predicador; él también empezó suave, pero a medida que avanzaba gritaba más y al final también provocó un estado de excitación en el público. Entonces, después que estos hombres pasaran por una masiva histeria y sugestión, empezaron a chillar, levantarse y mover las manos vociferando sin sentido. Sentí entonces que allí no estaba el Espíritu de Dios, el cual es Espíritu de paz y no de violencia, excitación  o vocerío de locos. El Espíritu de Dios no viene mediante técnicas o mecanismos psijológicas. Desde luego me entristecí mucho por los jóvenes que estaban allí dentro con sus padres y acabarían sufriendo las consecuencias de esta neurosis grupal.

  Un joven que se hizo monje en la Santa Montaña del Monte Athos y había pasado primero por el yoga Hinduista, me explicó las experiencias que intentaban tener allí; cuando querían ver luz se frotaban los ojos de forma que veían unas lucecitas y cuando querían escuchar sonidos paranormales se hacían unas presiones en los oídos y así se auto-provocaban  sonidos.

   Experiencias psicológicas parecidas, que se producen con mecanismos técnicos, algunos heréticos lo atribuyen al Espíritu Santo.

  Pero las experiencias en reuniones heréticas no son sólo psicológicas, sinó a veces también demoníacas. El diablo aprovecha la búsqueda de este tipo de experiencias por parte de algunos hombres y les presenta varias señales, las cuales no provienen de Dios, sinó del demonio. Éstos no pueden comprender que son víctimas ya del diablo. Creen que las señales son celestes y provienen del Espíritu Santo; incluso el demonio les puede llegar a dar alguna capacidad “profética”, tal como las da en los “médiums”. Pero el Señor nos advirtió: “porque se levantarán falsos mesías y falsos profetas y exhibirán grandes señales y monstruosidades ”(Mat.24,24). No sólo simplemente harán milagros, sinó grandes milagros y monstruosidades, señales terribles. Tal como el Anticristo, cuando venga, no hará cosas malas, sinó que serán aparentemente acciones benéficas, diversas terapias para enfermos y otras cosas elogiables para engañar a los hombres y si es posible hasta a los escogidos, para que le crean como su salvador y así seguirle.

  Por eso es necesario tener mucho cuidado; no todo aquel  que muestra algunas señales y “profetiza”  es siempre un hombre de Dios. Como nos repite el Señor: “Muchos me dirán en aquel día: ¡ Señor, Señor!  ¿no profetizamos en tu nombre, y en nombre tuyo arrojamos los demonios, y en tu nombre hicimos  muchos milagros? Yo entonces les diré: nunca os conocí; apartaos de mi, obradores de iniquidad”(Mat.7,22-23).

  Conocí jóvenes que habían sido seducidos y arrastrados por herejías apócrifas y pentecostales, los cuales después de volver a la Iglesia, confesaron que varias experiencias que tuvieron durante su estancia en estas sectas, eran diabólicas. Por ejemplo, un expentecostal, confesó que en las asambleas pentecostales, cuando una “profetisa” profetizaba, él sentía perturbación y alboroto demoníaco, y cuando intentaba decir la oración “Kirie Jesús Cristo compadécete de mi, pecador”, venía la glosolaliá (habla de lenguas) y le ahogaba impidiéndole que dijera la oración.

  Como el diablo se puede transformar en ángel de luz, debemos de ser cuidadosos con las experiencias. El Apóstol Juan nos aconseja: “Queridos, no creáis en cualquier espíritu” (1ª Jn.4,1), no todos son espíritus de Dios. Según el Apóstol Pablo, los que han recibido el jarisma o don de discernimiento de espíritus (1ª Cor 12, 10) pueden discernir si son espíritus procedentes de Dios o del diablo. Este Jarisma lo tienen los pnevmáticos (guías espirituales de la Iglesia Ortodoxa). Por eso, cuando tengamos un problema de este tipo, debemos dirigirnos a nuestro pnevmaticós (guía espiritual) y él discernirá la procedencia de cada experiencia.

  Incluso los monjes también pueden ser engañados. Tenemos casos en la Santa Montaña del Monte Athos en que monjes se engañaron con este tipo de experiencias. Una vez se le presentó un ángel a un monje; en verdad se trataba del demonio, y le dijo: “Ven arriba en la punta de la cima del Monte Athos y te mostraré grandes milagros”. Le condujo allí, y por poco le despeña entre las rocas, si aquel monje no llega a implorar la ayuda divina. El monje cometió el error de creer en la visión, como si proviniera de Dios, pero no debió hacerlo. Porque los monjes cuando tienen una visión, saben que tienen que explicarlo todo a su Yérontas (guía espiritual) y él les dirá si la experiencia proviene de Dios o de los demonios. Donde hay soberbia, es muy probable el engaño.

Archimandrita Georgios, Yérontas Santa Montaña Athos

 

GreciaEspaña
Traducido por: xX.jJ

 

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