AUTÉNTICAS Y FALSAS EXPERIENCIAS DE LA JARIS DE DIOS

 

Tal como conocemos, la finalidad de nuestra vida es nuestra unión con Dios. Tal como dice la Santa Escritura, el hombre se creó como “icona (imagen)y semejanza” de Dios, para parecerse a Dios, o sea, unirse junto a Él. La semejanza de Dios con el hombre, los Santos Padres la llaman zéosis. ¿Mirad que grande es el propósito de la vida del hombre?  convertirse y hacerse, no simplemente mejor, más ético, más amable, más justo, sino convertirse metamorfosearse en dios por la χάρις  (jaris-gracia, energía increada ). Porqué cuando se une el hombre con Dios se hace también dios por la jaris , así que, ¿qué diferencia hay entre el Santo Dios y los deificados hombres? Mientras que nuestro Creador y Constructor es Dios por su propia fisis (naturaleza), en cambio, nosotros nos convertimos en dioses por la jaris, porque mientras por nuestra fisis (naturaleza) permanecemos humanos, con la jaris procedente de Él, nos diovisionamos, deificamos y nos unimos con Él..

Cuando el hombre se une con Dios por la energía jaris, consigue también la experiencia de Dios, siente a Dios; sino ¿como es posible unirse con Dios sin sentir Su jaris?

Los primeros hombres creados en el Paraíso, antes de pecar, conversaban con Dios y sentían la divina Jaris. Dios creó al hombre para ser sacerdote, profeta y rey. Sacerdote para que acepte su existencia y el cosmos, mundo como regalos de Dios y a continuación ofrecerse a si mismo y el cosmos a Dios, efjarísticamente (en señal de gracias), adorándole, alavandole y glorificándole. Profeta, para que vaya conociendo los Misterios de Dios; profetas eran en el Antiguo Testamento los visionarios y hombres que hablaban en nombre de Dios, los misterios y las voluntades divinas. Rey, para que reine en la creación material y sobretodo sobre sí mismo. Que use la fisis (naturaleza) no como un tirano sino con nobleza y no abuse de la creación sino que la use con gratitud, efjarísticamente. Hoy, el hombre no utiliza la fisis (naturaleza) con lógica, sino que se comporta egoísta, ilógica y descabelladamente, con el resultado de destrucción de su medio ambiente natural y consecuentemente de su propia autodestrucción.

Si el hombre no hubiese pecado y no sustituyera la agapi- amor y la obediencia a Dios con el egoísmo, no se separaría de Dios; sería rey, sacerdote y profeta. Pero el Santo Dios, que sufre por su criatura, quiere traer otra vez al hombre a su original estado, en el que pueda volver a ser, otra vez, verdadero rey, sacerdote y profeta; que pueda otra vez vivir la experiencia de Dios y unirse junto a Él. Por eso, en la historia del Antiguo Testamento, vemos de que manera Dios prepara poco a poco la salvación de los hombres, con el Advenimiento de Su Unigénito Hijo; así sólo da carismas a algunos hombres justos del Antiguo Testamento, como aquellos que tenía el hombre antes de la caída, como por ejemplo el járisma don de profecía. Existen en el Antiguo Testamento hombres como los profetas Elías, Isaías y Moisés, que recibieron el carisma profético y vieron la gloria de Dios, salvo que este carisma no era dado a todos ni era para toda la duración de sus vidas, sino que era dado parcialmente, es decir, que Dios daba estos dones para un fin y casos concretos. Las veces que Dios quería que estos hombres justos anunciaran la llegada de Cristo al mundo o Su voluntad, les daba la posibilidad de recibir una experiencia divina o apocalipsis, revelación.

Pero el profeta Joel profetizó que vendrá una época en que la Jaris del Espíritu Santo será dada por  Dios, no solo en determinados hombres y para un fin determinado, sinó hacia todo pueblo. He aquí lo que dice la profecía del profeta Joel: “ Daré de mi Espíritu en cada sarx (cuerpo, carne) (Joel 2, 27)”; o sea, daré mi Espíritu en cada hombre; Profetizarán vuestros hijos e hijas y vuestros abuelos verán en sus sueños y ensoñamientos ; y vuestros jóvenes verán visiones. Es decir, mi pueblo verá visiones espirituales y misterios de Dios. Este derrame de Espíritu Santo se hizo el día del Santo Pentecostés. Entonces la Jaris, increada energía del Espíritu Santo se dio en toda la Iglesia. No se dio esta jaris a todos en el período del Antiguo Testamento porque Cristo aún no se había encarnado. El abismo, precipicio entre los hombres y Dios estaba sin puente de unión. Debería de restablecerse la comunión del hombre con Dios, para que así Dios diera jaris del Espíritu Santo en todo el mundo. Esta reunificación la hizo nuestro Salvador Cristo con Su humanización (encarnación).

La primera unión que hizo Dios con el hombre en el Paraíso, no era hipostática, por eso se disgregó. Esta, la segunda unión es hipostática, es decir personal. En la hipóstasis- prosopon (base substancial-persona, cara, rostro) de Cristo, se unió la naturaleza humana con la naturaleza divina, inconfundible, inseparable, indivisible y eternamente. Por mucho que pequen los hombres, la naturaleza humana no puede separarse de Dios, porque en el Jesús Cristo, el Zeántropos, están unida eternamente la naturaleza humana con la naturaleza divina.

El hombre, para poder recibir el Espíritu Santo y convertirse y hacerse sacerdote, rey y profeta, sentir a Dios y conocer Sus misterios, tiene que hacerse miembro del cuerpo de Cristo, de la Iglesia. Jesús Cristo es el único, el verdadero, el perfecto e infalible (no el papa), sacerdote, rey y profeta. Aquello por lo que fueron creados Adán y Eva y fracasaron en hacerlo a causa de su pecado y egoísmo, lo hizo Cristo en su lugar. Ahora todos nosotros unidos con Cristo podemos coparticipar en los tres axiomas de Cristo, el real, el profético y el de santidad o sacerdotal. En este punto debemos aclarar que con el Santo Bautizo y la Jrismación el cristiano adquiere el sacerdocio general, es decir, la santidad y no el sacerdocio especial que se consigue con la especial ordenación ministerial, por la cual los celebrantes de la Iglesia reciben la jaris de ejercer el sacerdocio en la Iglesia e instruir a los laicos.

Por otro lado, el término laico no sólo se refiere a aquel que no ha llegado a la santidad, sino a aquella persona que con el santo bautismo y la santa jrismación, recibió el axioma de ser miembro del laós (pueblo) de Dios y del Cuerpo de Cristo; y a la vez participar en los tres axiomas de Cristo. Desde luego, el miembro cristiano, cuando más sano, concienciado y activo del pueblo de Dios y del Cuerpo de Cristo, es aquel que más cerca participa de los  tres axiomas de Cristo, el de santidad, el profético y el de realeza, y recibe la experiencia superior y sentimiento de Su Jaris, tal como vemos en las vidas de los Santos de nuestra fe.

Archimandrita Georgios, Yérontas Santa Montaña Athos

 

GreciaEspaña

Traducido por: xX.jJ

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