EXPERIENCIAS DE LA ZEOSIS

 

Las experiencias de la zéosis son análogas a la kázarsis del hombre. Cuanto más se katartiza éste de los pazos pasiones y apegos, mayor experiencia recibe de Dios, contempla a Dios porqué como se dijo “Bienaventurados los καθαροί (kazarí, catartizados, limpios) de corazón, porque ellos verán (contemplarán con el nus) a Dios” (Mt´5,4).
Cuando el hombre empieza en la μετάνοια (metania) a arrepentirse, a confesarse- y a llorar por sus errores y angustias, recibe las primeras experiencias de la χάρις (jaris) de Dios. Tales experiencias son primeramente las lágrimas de metania, que traen a la psique una inexplicable continua alegría, después sigue una paz profunda. Por esto, esta pena aflicción por nuestros errores, debilidades y fallos, los pecados, se llama “pena – alegre”, como también dijo el Señor en Sus Bienaventuranzas “Bienaventurados los afligidos (apenados por sus pecados y el mal que reina en el mundo) porque ellos serán consolados por Dios” (Mt. 5,4).

Después avanza a etapas superiores, como es la divina iluminación, en la cual se ilumina el nus y ve con otra gracia al mundo, y a las personas.

Entonces el Cristiano ama más a Dios. Y vienen otras lágrimas superiores, que son las de agapi-amor a Dios, el divino eros – amor. No por los pecados, porque tiene ya la certeza que Dios los perdonó. Estas lágrimas que traen mayor felicidad, alegría y paz a la psique, son una mayor experiencia de la zéosis.

Después el hombre obtiene la apácia, impasibilidad, sin pazos, el desapego, la imperturbabilidad o ataraxia, la vida sin pazos perversos, sin debilidades que inducen a errores y pecados. Así se convierte en pacífico e imperturbable ante los ataques u ofensas exteriores, liberado del orgullo, odio, ira, resentimientos, apetencias corporales y materiales.

Ésta es la segunda etapa de la zéosis del hombre, llamada θεωρία (zeoría), visión de Dios, contemplación en la cual el hombre catartizado ya de los pazos las pasiones y apegos se ilumina por el Santo Espíritu, se alumbra y se hace con la zéosis, se glorifica. Sin embargo, para que uno pueda ver a Dios tiene que ser hombre con zéosis. Entonces zeoría de Dios significa también zéosis.

Sobre todo, cuando el hombre se ha catartizado completamente y se entrega totalmente a Dios recibe la mayor experiencia de la divina Jaris, que para los santos Padres es la vista de la luz increada de Dios. Esta luz la ven los que van muy adelantados en la zéosis, muy pocos en cada generación. La ven los santos de Dios y se ven dentro de esta luz, tal como figuran en sus santos iconos con las aureolas.

Por ejemplo, en la vida de san Basilio el Magno, se nos dice que cuando rezaba en su celda los demás le veían – naturalmente los que podían verle – que resplandecía todo él y su celda dentro de esta luz increada de Dios, la luz de la divina Jaris. En las vidas de muchos Neomártires Santos de nuestra Fe, leemos que cuando los turcos, después de horrorosos tormentos y castigos, colgaban sus cuerpos en las plazas de las ciudades para asustar al resto de los Cristianos, muchas veces por las noches aparecía una luz a su alrededor. Y tan clara e intensamente brillaba esta luz, con tanta grandeza se manifestaba nuestra Fe, que los mismos enemigos ordenaban bajar los cuerpos por la vergüenza que sentían ante los Cristianos, los cuales veían como Dios glorificaba Sus Santos Mártires.

La Jaris de la zéosis también mantiene incorruptibles los cuerpos de los Santos, sus santas reliquias siguen perfumando y haciendo milagros. Como dice San Gregorio Palamás, la Jaris de Dios cuando se une primero a las psijes de los Santos, después vive en sus Santos cuerpos y los llena de Jaris. Y no sólo en sus cuerpos sino en sus sepulcros, en sus iconos y en sus templos. Entiéndase pues, porqué rezamos, nos prosternamos, peregrinamos y besamos los iconos, las reliquias, las tumbas, los templos de los Santos. Porque todos tienen algo de la Jaris de Dios que poseía el Santo en su psique, debido a su unión con Dios, a causa de su zéosis.

Por esto dentro de la Iglesia disfrutamos de la Jaris de la zéosis, no sólo con la psique sino también con nuestro cuerpo, el cual además colabora con la psique y se co-jarifica, co-glorifica con ella como templo que es del Santo Espíritu.

Ella, la Jaris, emanando del Santo Señor, el Zeántropos Cristo, se desborda en nuestra Παναγία (Panayía, Todasanta María), en los Santos y llega también a nosotros los humildes.

Vale la pena señalar, claramente, que todas las posibles experiencias del Cristiano, no son con seguridad vivencias de zéosis y espirituales. Muchos se han engañado con experiencias psicológicas y demoníacas. Por eso, para que no exista peligro de errores, autoengaños y efectos demoníacos, debemos comentarlas todas, humildemente, a nuestro Yérontas-Guía espiritual quien, con la iluminación de Dios, distinguirá la autenticidad o no de dichas experiencias, y de esta manera guiará la psique que le ha consultado y confesado. Además la obediencia a nuestro Guía del espíritu es el factor más importante y del todo imprescindibles en el camino espiritual, porqué de esta manera, adquirimos espíritu eclesiástico, de aprendizaje en Cristo y aseguramos así el legítimo ejercicio que nos conducirá a la unión con Dios.
Un elemento muy particular de la zéosis, siempre dentro de la Iglesia, es la vida monástica, donde los santificados monjes reciben altas experiencias de unión con Dios.

De esta manera los desapegados monjes que participan de la zéosis y de la santificación, ayudan también a toda la Iglesia. Tal como creemos los Cristianos siguiendo a lo largo de los siglos la Santa Tradición de la Iglesia, la lucha de los monjes liberados tiene influencia positiva en la lucha de la vida de cada creyente que está dentro del mundo. Por esto en nuestra Ortodoxia el pueblo de Dios tiene gran respeto y devoción a la vida monástica.
En nuestra Iglesia, además coparticipamos en la comunión de los Santos, tenemos la experiencia y la alegría de nuestra unión con Cristo. Por esto entendemos que dentro de la Iglesia no somos personas aisladas sino una unidad, una hermandad, una comunión de hermanos. Y no sólo entre nosotros sino también con nuestros Santos de Dios que viven aún entre nosotros o con los que ya duermen el sueño eterno, ya que con la muerte los Cristianos no se separan. La muerte no los puede separar porque están unidos todos al cuerpo resucitado de Cristo.

Por esto cada domingo, cada vez que se oficia la Divina Litúrgia, estamos en ella todos presentes, junto con los Ángeles y los Santos de todos los siglos. Están también nuestros parientes que ya murieron, evidentemente si están unidos con Cristo. Todos estamos juntos y en comunión mística entre nosotros, no de manera exterior sino en Cristo.
Y esto también se manifiesta en la Exposición de los Santos Dones de la Eucaristía, los Santísimos Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Cristo, cuando, alrededor del Cordero de Dios se colocan unas formas significando, una la Panayía, otra los Santos y otra los Cristianos vivos y difuntos. Todas las formas han sido bautizadas, en sagrado sacrificio, en la sangre de Cristo, después de la santificación de los Santos Dones.

Ésta es la magnífica bendición de la Iglesia, de la que somos sus miembros y podemos comunicarnos y comulgar no sólo con Dios, sino también entre nosotros como miembros del Cuerpo de Cristo.

La cabeza de este Cuerpo Sagrado y místico es el mismo Cristo. La vida viene de la cabeza al cuerpo. El cuerpo naturalmente, tiene miembros, de ellos unos están sanos, otros, en cambio, no tienen la misma vitalidad, no todos poseen una salud perfecta. Así somos la mayoría de nosotros. Pero del mismo Cristo y sus miembros sanos procede la vida, la sangre sana, de forma que los miembros que tienen poca salud se recuperen y se fortalezcan también poco a poco. ¡He aquí, porque hemos de estar dentro de la Iglesia! Para recibir salud y vida, ya que fuera del cuerpo de la Iglesia no existe la posibilidad de recuperarnos y vivificarnos.

Todo esto naturalmente, no sucede enseguida. Toda la vida tiene que practicar y luchar el Cristiano Ortodoxo para poder con la Jaris de Dios, dentro de la Iglesia, con la humildad, con el arrepentimiento, la oración, los santos Misterios, santificarse, glorificarse y conseguir la zéosis.

Esta es la finalidad de nuestra vida, el gran objetivo y meta. No tiene demasiada importancia donde podremos llegar exactamente. Nuestro esfuerzo tiene valor, Dios bendice abundantemente el tiempo actual, nuestro siglo y el venidero.

+Archimandrita Georgios

Yérondas del monasterio de San Gregorio

del Santo Monte Athos

 

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Traducido por:xX.jJ

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