Los dos más importantes mandamientos de Cristo y sobre la Deidad de Él.

 

Evangelio de Marcos 12, 28-37 y Mateo 22,34-46.

Marco 12, 28-37 Acercándose uno de los intérpretes de la ley, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu psique-alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Éste es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. Entonces el intérprete de la ley le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda la psique-alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios. Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos de la realeza (increada) de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.

Enseñando Jesús en el templo, decía: ¿Cómo dicen los escribas (intérpretes de la ley) que el Cristo es hijo de David? Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies. David mismo le llama Señor; ¿cómo, pues, es su hijo? Y gran multitud del pueblo le oía de buena gana, (Mc 12,28-37).

 
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La primera gran verdad que sacamos del anterior texto evangélico es el siguiente: La unidad de las personas en la Deidad y a la vez al Dios Triádico se ve ya desde el Antiguo Testamento; y sobre todo al Deuteronomio (6,4), a la gran Confesión de Fe del Israel, tal como repite también Jesús: “Escucha Israel: El Señor nuestro Dios es un Señor”. La frase “un Señor” es traducción del correspondiente del hebreo “heloenu” y la traducción literal es “nuestros Dioses”. Por lo tanto, si la traducción de la palabra, conceptual y literalmente, la traemos del texto hebreo, sobre este importantísimo anuncio dogmático de los israelitas, sería: “Escucha Israel: El Yahvé, NUESTROS DIOSES, Señor uno es”. Y no sólo esto, sino que la palabra “uno” es asignada por la palabra “hejad” que no significa una mónada (unidad) absoluta, sino una unidad de unión compuesta, sintética y en nuestro caso Triádica o Trinitaria. Además, el ZOAP, libro interpretativo de los Judíos, explicando el versículo anterior se refiere en Triada de Divinas Personas –al Padre, al Mesías mediante David y al Kirios (Señor, el Espíritu Santo)- y concluye que “estos tres son Uno” (David L. Cooper, de su libro “el A. Testamento y la Triada de Dios).

A continuación comprobamos que de acuerdo con Jesús Cristo, la vida espiritual, la sanación y la salvación no se asfixian por la aplicación y cumplimiento típico de las 613 mandamientos, tal como entonces creían y pedían a los creyentes los maestros intérpretes Judíos, sino que depende de la ortodoxa, correcta relación y agapi hacia el Dios y la agapi hacia el prójimo; la cual si es auténtica, no maquina 613 mandamientos, sino infinitas maneras, formas y modos para ofrecer y servir hacia los que tienen necesidad ética y material. Es decir, la ortodopraxía (acción correcta) para el Zeántropos (Dios y hombre) es consecuencia de la ortodoxia, pero no existe doxa (gloria, alabanza y opinión) correcta sobre el Dios, o no tiene sentido para el mundo de hoy y ante todo el de mañana, si no está acompañada de la análoga conducta y actitud agapítica (amorosa), tanto hacia las personas que nos rodean, como hacia la creación, los animales, las plantas o las cosas. La ortodoxa praxis y vida es un sacrificio continuo por los demás y como sacrificio desinteresado, requiere e implica sufrimiento o dolor. No para que uno sea reivindicado individualmente, sino para ser constituido el mismo en una efjaristía (agradecimiento, acción de gracias) hacia el Señor y un testimonio perdurable hacia el ambiente donde vive y se mueve manifiestando la Resurrección del Zeántropos (Dios y hombre) y la verdadera vida que emana de Su tumba vacía para todos nosotros.

El que ama verdaderamente, fuera de intereses y motivos egoístas, no puede sino andar al camino de Dios y ser bendecido de Su divina presencia. Vale la pena en este punto referirnos en el versículo evangélico sobre el Juicio, durante el cual el Señor se identifica con los pocos y despreciados hermanos Suyos, los pobres, los hambrientos, los desnudos, los encarcelados, etc., y recalca que juzgará, a la sala de juicios celeste, todos con base la agapi y que debemos ofrecerla a todos aquellos que la necesitan, sufren y son agraviados. (Mt 25, 34-41). Si uno pues, se sacrifica para su prójimo y se entrega a sí mismo por agapi, esencialmente se sacrifica por Cristo, puesto que el Cristo se identifica con todos aquellos que sufren y buscan nuestra ayuda.

En efecto Jesús realmente proclama: “No entrará en la realeza de los cielos cada uno que me dice: Señor, Señor, sino aquel que hace la voluntad de mi Padre celeste” (Mt 7, 21-22). Además con la boca del profeta Miqueas, el Dios apocalipta=revela en el Antiguo Testamento: “Fue proclamado en ti hombre lo que es buenos, bondadoso y lo que el Señor pide de ti. Nada más que practicar la justicia, mostrar agapi y caminar humildemente con tu Dios” (N.M. Papadopulos, “Memorandum al libro de Mijea, pag 170). Verdaderamente, pues, el cristiano no es aquel que teologiza encefálicamente, (con el cerebro, mente o intelecto) sobre el Dios, ni aquel que típicamente algunos domingos por la mañana visita Su templo, sino aquel que con su conducta y su actitud humilde y especialmente con su agapi en praxis (de hecho, o acción) testifica que existe Dios, Resurrección, Juicio, Paraíso e Infierno.

Tercero e igual interesante: Tal como revela el Cristo sobre sí mismo, en el psalmo cristológico 109,1 David dice: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga tus enemigos como alfombra en tus pies (es decir, someterles en su autoridad)”. Es evidente que aquí también se indican las dos personas de la Santa Trinidad, el Padre y el Hijo. A continuación del mismo psalmo aparece también la tercera persona de la Santa Trinidad, el Espíritu Santo, porque el Padre dirigiéndose a Su Hijo, le dice: “El Señor está en tu derecha, anuló o destruyó los reyes de la tierra, el día de Su ira” (5). De todo esto vemos y percibimos que, a causa del peligro de los vecinos idólatras, ensombrecidamente el Antiguo Testamento y en muchos casos, revela al Uno y Trinitario Dios en los ojos de sus verdaderos creyentes y piadosos, pero también al verdadero Mesías y redentor Jesús Cristo.-Ver Filoxenía (hospitalidad) de Abraham a los tres hombres (Gén 18,1-3); también “la destrucción de Sodoma y Gomorra de dos Señores en nombre del tercer Señor. (Gén 19,24), y otros más.

Finalmente, ¿cuántos cristianos de hoy hacemos praxis la agapi que condujo al Zeántropos Jesús hasta la Cruz y la muerte? ¿Cuánto andamos a los pasos del maestro celeste, quien prefirió enseñar principalmente con Su sangre y no sólo con Sus logos?. ¿Cuánto cristianos ortodoxos somos, si alabamos sólo con los labios y con nuestras actitudes destruimos en vez de construir la realeza increada de Dios en la tierra? Es posible que para muchos sean una vergüenza las palabras transcendentales de san Pablo: “A causa de vosotros es blasfemado el nombre de Dios entre los nacionales (los idólatras)” (Rom 2,24). Nuestra época tiene necesidad de cristianos que conocen orar y amar y no cristianos ortodoxos sólo de nombre y teoría, o peor aún de la ideología, los cuales escandalizan a los creyentes y expulsan desgraciadamente la gente de la Iglesia. Además, el comportamiento cristiano ortodoxo, correcto obedece a los logos del Señor: “Amar a vuestros enemigos, beneficiar aquellos que os odian, orar para aquellos que os tratan mal” (Lc 6,27-29).

Mijalis Julis – Teólogo
 

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TRADUCIDO POR: xX.jJ

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