Parábola sobre los dos mandamientos más importantes

 

35 Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: 36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Éste es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. 41 Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. 43 Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: 44 Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? 45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? 46 Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.

 

Ihsous_Xristos


 

Αgapi  (agapi)   agapi–amor. “Ὁ θεός ἀγάπη ἐστίν (O zeós agápi estín) Dios es agapi-amor (1ª Jn 4,8)” La agapi es la energía increada superior de la Jaris. “Porque la agapi proviene de Dios” (1ªJn 4,7). Dicen los Santos Padres Ortodoxos: Nadie puede conocer la increada agapi como energía increada de Dios si no es a través de la energía increada (Jaris, Gracia) del Espíritu Santo. Éste es el propósito de la psicoterapia de la Iglesia Ortodoxa, el convertir mediante la continua metania y confesión, la φιλαυτία (filaftía, egolatría) que es el creado amor interesado egocéntrico y enfermizo a uno mismo, en la desinteresada divina e increada agapi de Dios. Ésta comprende tres estadios: catarsis, iluminación y zéosis o glorificación. Dios creó al cosmos (adorno, ornamento) de la nada y libremente sin ninguna necesidad, por agapi. No sólo creó al cosmos, mundo, sino que lo mantiene por Sus energías increadas. Para nosotros los Ortodoxos Dios es el gran presente y para los occidentales es el gran ausente, ya que ignoran la existencia de las energías increadas, “la mayor de ellas la agapi” (Cor. 12,13). Nada tiene que ver con ágapes de banquetes donde se come y bebe, tampoco quiere decir caridad, puesto que en elénico, caridad es φιλανθρωπία (filanzropía) o ευσπλαχνία (efsplajnía).

El verbo es ΑΓΑΠΩ (agapó) empieza con A alfa y acaba con Ω omega, la agapi es el alfa y el omega de nuestra vida espiritual.

 

Ascensión a la agapi

«amarás al Señor tu Diosy amarás a tu prójimo como a ti mismo»

La forma crucificante de la agapi, es decir, su manifestación hacia el Dios y el próximo, revela el elemento por excelencia de su autenticidad. Una agapi así se fundamenta exactamente en la agapi crucificada y por eso adquiere calidad y profundidad. Además, este agapi venció la muerte que es el enemigo extremo del hombre y abrió los canales de la vida. Esta agapi, pues, en su forma más pura está llamado el hombre a introducirla en su seno en la vida diaria y llevarla en vivencia y experiencia. En sus horizontes, el hombre en ningún caso siente que le falta algo en su vida. Al contrario siente que lo tiene todo, porque se deja a sí mismo ser receptivo de la jaris (energía increada) de Dios que ilumina todo su ser.

El inérprete de la ley que se acercó a Jesús, según la narración evangélica, quería llevar en una situación difícil a Jesús, por eso le puso la pregunta sobre cuál es el mayor mandamiento. Pero el Cristo en su contestación fue directo y claro, sin tapujos.: “Amar al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu psique y con toda tu diania (mente, intelecto, cerebro), este es el primer y gran mandamiento. Segundo, pero igual de importante, es amar a tu prójimo como a ti mismo”. Además, le aclara que en estos dos mandamientos está resumida toda la ley.

 

Sus frutos suculentos

La agapi, en estas dimensiones que la ha definido el Señor, en ningún caso tiene un carácter de significado único y de dimensión única. La agapi hacia el Dios es exactamente aquella que constituye al hombre capaz a amar a su prójimo. Amar aún hasta el enemigo. Está claro que, la agapi hacia el Dios, no consiste en ningún caso una hazaña personal en la vida del hombre, sino el resultado de la Jaris (energía increada) de Dios. Pero esto ocurre también con la sinergia (co-energía, cooperación) del hombre, es decir, cuando se abre el espacio del corazón (psicosomático) para prosperar en su tierra fértil la presencia de la divina agapi increada. La agapi increada de Dios es alcanzable, porque “él nos amó primero”, según san Juan el Evangelista. La agapi es el movimiento que hace primero el Dios que nos hace capaces a contra-ofertarle la agapi nuestra. Está claro que la agapi verdadera hacia el Dios fructifica con la agapi que se manifiesta también hacia el prójimo. En este caso el hombre no puede amar a Dios y a la vez rechazar su imagen a la persona del prójimo. Está claro san Juan el Evangelista cuando dice: “si uno dice que ama a Dios…, a quien no ha visto y odia al prójimo que ha visto”, entonces se califica como “mentiroso”. La agapi hacia el hermano constituye el fruto más suculento de la agapi hacia el Dios; La agapi al prójimo es requisito previo de la agapi hacia el Dios. Además, no es casualidad que el evangelista Luca inmediatamente después de la respuesta de Jesús hacia el intérprete de la ley con la propuesta de la agapi, procedió al relato de la parábola del Buen Samaritano, que en la profundidad de ella emergen los auténticos mensajes sobre la agapi.

 

La autenticidad de la agapi.

La agapi para que sea verdadera y de calidad debe ser completa. Saliendo del fondo del corazón. Exactamente esta entrega total asegura también las condiciones de la libertad del hombre; puesto que ya no estará sujeta en otras influencias y dependencias que le constituyen en una personalidad dividida y disuelta. Tal como el Dios nos ha amado sin condiciones, con su culminación de su sacrificio crucificante, igual nosotros también debemos corresponder con nuestra agapi. Exactamente aquí es donde no caben compromisos, conveniencias y cálculos que en fondo falsifican la agapi y estrangulan la vida espiritual. Inquebrantablemente unida con la agapi vertical está también la horizontal. Lo dicho por el Señor “amarás a tu prójimo como a ti mismo” indica exactamente que la agapi a Dios no puede estar cortada de la agapi al prójimo y viceversa.

Queridos hermanos, esta agapi de manera crucificante, de forma vertical y horizontal, es también el criterio de la madurez espiritual y la cristificación del hombre. Las figuras santas que desfilan en el firmamento de la Iglesia surgieron precisamente porque amaron de verdad y en praxis, de hecho a Dios y por extensión al prójimo. Simeón el receptor de Dios y la profetisa Anna que honra hoy la Iglesia, arrojan luz al camino de la agapi, que estamos llamados también nosotros a seguir en nuestra vida. Así sea.

Jristakis Efstazíu, Teólogo Iglesia Chipre.

«La agapi hacia Dios y el prójimo»

Lectura del Evangelio de Mateo 22, 35-46 ΕὐαγγέλιονΜατθαίουκβ΄ 35-46

Estudiando cuidadosamente los Divinos Evangelios y particularmente aquellos capítulos que se refieren en la acción pública de nuestro Señor, uno comprobará que a nuestro Señor le seguían grupos concretos de hombres. Uno de estos grupos era el que estaba constituido de hombres que pertenecían al alto nivel social y religioso. Eran aquellos hombres quienes no seguían a Jesús por celo o anhelo divino por aprender, sanarse y salvarse de Él; sino todo lo contrario, creían en sí mismos y en sus estudios y querían meter en una trampa al Señor y humillarle ante las Escrituras y la ley.

Un hombre así era también el intérprete de la Escritura de la lectura Evangélica de hoy. Éste conocía muy bien las Santa Escrituras y las estudiaba, pero no podía discernir entre la aplicación y cumplimiento estéril de la ley de la existencia del Mesías, quien sanaría y salvaría el género humano.

Pero nuestro Señor conversa con ellos y les da respuestas irrebatibles y apabullantes, aunque las preguntas de ellos fueran malignas y hostiles ante él.

En la pregunta del intérprete hacia Jesús sobre cuál era el mayor mandamiento, el Señor contesta diciendo que la agapi=amor desinteresado a Dios y al prójimo son los mandamientos más importantes.

Está claro que el Señor conocía sobre los grupos de Fariseos y Saduceos que para ellos la agapi hacia el Dios significaba el respeto hacía Él y la aplicación y cumplimiento de sus mandamientos. Veamos pues, el significado e importancia para todos nosotros que queremos llamarnos discípulos no seguidores del Señor.

Es conocido el mandamiento que se refiere a esta obligación de los creyentes. Nuestro Señor la repitió a sus discípulos. La conocía también el intérprete de la santa Escritura. La conocemos también nosotros: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu psique, con toda la fuerza de tu voluntad y con toda tu mente”. Esta pues es la primordial y esencial obligación nuestra: amar a nuestro Dios. Pero viene la pregunta: ¿De qué manera o modo mostramos nuestra agapi a Dios? La respuesta la recibiremos de la Santa Escritura.

Dice el Evangelista Juan: “La agapi hacia el Dios es aplicar y cumplir sus mandamientos” (1ª Jn 5,3). Este repitió el mandamiento que dio el mismo Señor nuestro cuando dijo: “Si me amáis, entonces aplicad mis mandamientos” (Jn 14,15). Creo que está tan claro esto que nos pide nuestro Señor y no hace falta que diga más.

Pero aquello que debo hacer hincapié en lo siguiente. El Señor no pide de nosotros que cumplamos sus mandamientos como algo inalcanzable, algo insoportable y superior a nuestras fuerzas. Al contrario, nos aclaró que: “mi jugo es blando y su peso ligero” (Mt 11,29). Los mandamientos de Cristo no son duros ni difíciles.

Al contrario, la aplicación y cumplimiento de los mandamientos de Cristo son beneficiosos y regalan al creyente dignidad, honor y doxa (gloria, luz increada) por sus logros, y le hacen feliz. San Juan el Crisóstomo dice: “Nada da alas y hace ligera la psique tanto como la adquisición de la justicia y la virtud”.

Pero agapi hacia el Dios es también la fe a Jesús Cristo de que es el Dios. Aceptar y reconocer las donaciones de nuestro Dios Padre. Glorificarle por su agapi para nosotros y su creación. La agapi hacia el Dios no tiene límites porque ilimitadamente nos ama el Dios, Su agapi es increada. Sobretodo el Señor nos señaló que el que ama más que a él una persona, una cosa, placer sensual o cualquier cosa que no puede separarse de ella y sacrificarla, éste no puede tener  derecho a la vida eterna, la increada vida.

Es conocido también que nuestro Señor unió la agapi hacia el Dios con la agapi al prójimo por el mandamiento: “amarás también a tu prójimo como a ti mismo”. No basta amar a Dios, incluso sacrificarnos para Él, para que seamos introducidos en la vida eterna. Es necesario amar a nuestro prójimo hasta el sacrifico. Es decir, tener semejante agapi como esta que tiene el Dios para nosotros que se sacrificó a favor nuestro, para tener nosotros la jaris increada.

Agapi hacia el prójimo significa:

Amar y sacrificarnos para los demás humanos. Para nuestro cónyuge, nuestros hijos, nuestros conciudadanos, los extranjeros y para todos que nos perjudican con la misma rica e ilimitada agapi. Ἀγάπη πρός τόν πλησίον σημαίνει:

Cuando amas perdonas. Cuando amas te sacrificas. Cuando amas te haces humilde. Cuando amas te cansas. Cuando amas retrocedes y concedes. Cuando amas no te enfadas. Cuando amas no robas.

Cuando amas no perjudicas, no insultas, no acusas y juzgas ni condenas. Te alegras y sufres junto con el prójimo. Cuando amas no eres indiferente de todas las necesidades para el prójimo. Cuando amas compartes tus bienes con él. Sólo los que adquieren este tipo de agapi tienen derecho a entrar en la vida eterna, la increada.

Hermanos míos

Si no sanamos nuestra psique que se ha infectado de egoísmo demoníaco, no podemos adquirir esta perfecta agapi (amor, energía increada) hacia el Dios y hacia nuestro prójimo. Intentemos, pues, todos amar a Dios tal como nos dice la Santa Escritura.

Amar a nuestro Creador y Salvador y así se endulzará nuestra psique y amaremos también a nuestro prójimo quien es la imagen de Dios. Que reine en nuestros corazones la agapi increada y estaos seguros que el Dios estará con nosotros, porque “¡el Dios es agapi increada!” (1ªJn 4,16).

Archim. Kalínikos Nikolau – Metrópolis Kesarianí Atenas

 

Dimitri Panagópulos: “Αγαπήσεις (agapísis) amarás al Kirios-Señor tu Dios con toda tu psique, con todo tu corazón, con toda tu fuerza y con toda tu diania (mente, intelecto), este es el primero y el grande mandamiento y segundo igual, amarás a tu prójimo como a ti mismo, en estos dos mandamientos de agapi depende toda la Ley y los Profetas”. Sino tienes ésta agapi hacia Dios y tu prójimo, no haces nada. Entonces, no se necesita ninguna matemática, ciencia o filosofía para entender que el primer y mayor pecado es el incumplimiento de la 1ª ley, no son los mayores pecados el asesinato, ni el robo o el adulterio etc. Sí preguntásemos a nosotros mismos o cualquier otro heterodoxo, ¿cuál es el pecado más grande? tendríamos infinidad de opiniones, menos ésta. En el Misterio de la Metania ¿quién de nosotros se ha confesado alguna vez que ha incumplido el primero y más grande de los mandamientos?

Dios Padre, dentro de los padecimientos de Su Hijo, desea místicamente estremecer la paranoia mundial con Su padeciente e humilde Agapi y desde ésta sacrificadora Agapi de Cristo, el hombre finalmente puede constituirse “uno” con Dios, el cual no tiene sino que “es agapi, ἀγάπη ἐστίν”.

 

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Traducido por: xX.jJ

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