Qué es el Cristianismo

 

Muchos interpretando el carácter del Cristianismo formulan la opinión de que el Cristianismo es filosofía o una religión dentro de tantas conocidas desde la antigüedad. Es cierto que el Cristianismo no es filosofía con el sentido que domina actualmente. La filosofía dispone de sistema encefálico (cerebral) que la mayoría de las veces no tiene relación con la vida. Principalmente la diferencia del Cristianismo de la filosofía se ve en este punto que la segunda es meditación humana en cambio el Cristianismo es apocálipsis (revelación) de Dios. No es descubrimiento del hombre sino apocálipsis, revelación del Mismo Dios al hombre. Las verdades del Cristianismo eran imposibles de encontrarlas la lógica humana. Allí donde el logos (razón) humano estaba débil vino el Θεανθρώπινος Λόγος (Zeanzrópinos, Divino-humano Logos) o mejor dicho el Θεάνθρωπος (Zeánzropos Dios-hombre) Cristo el Logos de Dios. Las verdades del Cristianismo la lógica o razón humana le eran imposibles encontrarlas. Esta apocálipsis de Dios se formuló con los términos filosóficos de aquella época, pero otra vez se tiene que subrayar que no es filosofía. La prenda del Zeantrópino (Divino-humano) Logos está tomada de la filosofía de aquella época.

El divino Crisóstomo interpretando lo de Isaías: “Mirad que el Soberano Señor Sabaoz restará del soberano de Judea y de Jerusalén el poder del mismo y al juez y el profeta y también al filósofo intelectual…”, y observa restará del filósofo intelectual el cual por tener mucha prudencia cuando piensa e imagina las cosas futuras a causa de la experiencia de las cosas que el mismo tiene. Porque una cosa es la filosofía intelectual y otra la profecía. Porque aquel que habla inspirado por el Espíritu Santo, no ofrece nada suyo. Pero el filósofo tomando como causa de los que ya son acontecimientos y excita su propia sabiduría y ve muchas de las cosas futuras, tal como es natural al hombre que es sabio en prevenir las futuras. Pero hay gran diferencia entre la sabiduría humana y la divina Jaris (Gracia increada).

Entonces una cosa es la meditación (filosofía) y otra la profecía, es decir, el logos del Profeta que teologiza. La primera es energía humana operativa y la segunda es apocalipsis (revelación) del Santísimo Espíritu.

En las obras patrísticas y principalmente de san Máximo el Confesor se habla sobre la filosofía como principio de la vida espiritual. Pero se debe de observar que con el término filosofía práctica el santo da a entender la catarsis (limpieza) del corazón de los pazos, que realmente es el primer estadio del camino de la psique hacia Dios.

Además, el Cristianismo ortodoxo no se puede considerar como una religión con el sentido que se presenta hoy la religión. Por regla general hoy se considera que Dios habita en los cielos y desde allí gobierna la historia humana, es duramente exigente, pide satisfacción por el hombre que está caído en la tierra dentro en su enfermedad y debilidad. Entre Dios y el hombre existe una pared que les separa. Esto se tiene que superar y en esto ayuda muy eficazmente la religión. Para este propósito se utilizan varias ceremonias de culto.

Según otro aspecto, el hombre se siente débil dentro en el universo y tiene la necesidad de crear y desarrollar un Dios potente el Cual le estará ayudando en su debilidad. De acuerdo con esta teoría no crea Dios al hombre sino el hombre a Dios. Además, religión no se entiende como relación del hombre con el Absoluto Dios, es decir, “la relación del yo hacia el Absoluto Tú”. También se considera la religión como un medio para engañar el pueblo con el traslado de las esperanzas en la vida futura. De esta manera, como medio la religión, fuerzas potentes presionan al pueblo.

Pero el Cristianismo es algo más que estas interpretaciones y teorías, por eso no se puede encerrar el significado y definición de religión como generalmente se da en las llamadas religiones “naturales”. Dios no es el Absoluto Tú, sino Prósopo (Persona) viviente que tiene comunión orgánica con el hombre. Además, el Ortodoxo Cristianismo no traslada simplemente el problema al futuro, ni espera el goce de la Realeza de los Cielos después de la historia y del final del tiempo. El futuro del Cristianismo Ortodoxo se vive en el presente y la Realeza de Dios empieza desde esta vida. La Realeza de Dios según la interpretación patrística ortodoxa es la increada Jaris de Dios Trinitario, la zeoría (contemplación, visión) de la increada Luz.

Nosotros los Ortodoxos no esperamos el final de la historia y del tiempo, sino que con la vida en Cristo caminamos hacia el final de la historia y así vivimos las cosas que tratan de las que ocurrirán después de la Segunda Parusía (Presencia). San Simeón el Nuevo Teólogo dice que aquel que vio la increada Luz y se ha unido con Dios no espera la Segunda Parusía del Señor sino que la vive. Así en la enseñanza Ortodoxa no existe exposición lineal sobre el tiempo sino cíclica y encrucijada. Es decir, lo eterno se apodera de nosotros en cada momento crónico. Por eso el pasado, el presente y el futuro esencialmente se viven en una unidad inquebrantable. Es el llamado tiempo condensado.

Por eso la Ortodoxia no se puede considerar como el “opio del pueblo” exactamente porque no traslada el problema. Ofrece vida, metamorfosea, convierte la vida biológica y santifica y metamorfosea las sociedades. La Ortodoxia allí donde se vive correctamente y funciona santo-espiritualmente es una sociedad de comunión de Dios y los hombres, de celestes y terrenales, de los vivos y los que han dormido (fallecido). Dentro en esta comunidad se resuelven verdaderamente todos los problemas que aparecen en nuestra vida.

Pero como entre los miembros de la Iglesia existen enfermos y principiantes espiritualmente es posible que algunos vean al Cristianismo Ortodoxo como una religión tal como hemos expresado anteriormente. Además, la vida espiritual es un camino dinámico. Empieza con el Bautismo que es la catarsis del “como imagen” y continúa con la vida ascética (ejercicio espiritual) para llegar el hombre al “como semejanza”, es decir, la comunión con Dios. De todos modos se debe aclarar que aún cuando hablamos para el Cristianismo como religión se debe de hacer dentro de unas indispensables presuposiciones y condiciones.

La primera es que el Cristianismo ortodoxo es principalmente Iglesia. Iglesia quiere decir Cuerpo de Cristo. Existen muchos pasajes en el Nuevo Testamento en los cuales se habla de que el Cristianismo ortodoxo es Iglesia. Nos basta el logos de Cristo “tú eres Pedro y sobre esta confesión de fe inquebrantable como esta roca edificaré mi Iglesia…” (Mat.16´,18), y en los logos del Apóstol Pablo por un lado a los Colosenses: “Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia…” (Col. 1´18) y por otro, la que es hacia su alumno Timoteo “… para que conozcas como debes de vivir y comportarte en la casa de Dios, que es la Iglesia de Dios vivo, columna y fundamento de la verdad” (1ª Tim 3´15). Esto significa que Cristo no habita simplemente en los Cielos y desde allí dirige la historia y la vida de los hombres, sino que está unido con nosotros. Tomó naturaleza humana la glorificó o unió con Dios y así en Cristo la naturaleza humana glorificada se encuentra a la derecha del Padre. Así Cristo es nuestra vida y nosotros somos miembros de Cristo.

La segunda condición es que la finalidad del Cristiano ortodoxo es conseguir el bienaventurado y feliz estado de la zéosis o glorificación. La zéosis y lo “como semejanza” se identifican. Pero para uno poder llegar al como semejanza que es la espectación de Dios y esta espectación, visión no se convierta en fuego quemándole, sino luz que le vivificará, antes se requiere la catarsis (limpieza, purificación). Esta catarsis y terapia es obra de la Iglesia. Cuando el Cristiano participa al culto sin sufrir la vivificadora catarsis (además, estas manifestaciones ceremoniales aspiran a la catarsis de la persona), entonces no vive realmente dentro en el lugar de la Iglesia. Cristianismo sin catarsis es utopía. Así pues mediante la catarsis y sobre todo cuando nos cuidamos de nuestra terapia, podemos hablar sobre religión, además de acuerdo con san Santiago: “El que cree que es religioso y no refrena su lengua, con esta percepción engaña su propio corazón y su religiosidad es vana y no vale para nada. Religión pura e inmaculada delante Dios y Padre es esta: asistir a los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones y en conservarse a sí mismo incontaminado de las cosas mundanas y los vicios”. (Sant. 1,26-27). Se ve claramente en este pasaje que religioso es aquel que doma su lengua y no engaña su corazón, sino que le purifica de aquellas cosas que se encuentran dentro de este. Aún, religión es el que uno tenga interés por los dolidos y principalmente mantenerse a sí mismo en catarsis purificado de las cosas mundanas. Aquel que se cuida de su catarsis es religioso y pertenece a la religión.

  Esta abstención nos da el derecho de sostener y afirmar que el Cristianismo ortodoxo no es ni filosofía ni religión con el sentido que se califican las religiones “naturales”, sino principalmente es terapia. Es terapia del hombre de sus pazos para llegar a continuación a la comunión y unión con Dios.

El Señor en la parábola del buen Samaritano nos indicó algunas verdades. El buen Samaritano inmediatamente al ver al hombre en manos de los atracadores que le dejaron herido y medio muerto “… se compadeció de él, se acercó, le vendó las heridas echando en ellas aceite y vino; le montó en su cabalgadura llevándole a un albergue y cuidó de él”, (Lc.10, 33-34). Cristo sanó al hombre herido y le condujo al albergue, es decir, al Hospital que es la Iglesia. Aquí se presenta Cristo como médico que sana las enfermedades del hombre y la Iglesia como Hospital.

Es muy característico que el divino Crisóstomo analizando esta parábola presenta las verdades que hemos presentado anteriormente. El hombre por engaño “desde el régimen político celeste bajó al engañoso del diablo” y “se somete a los atracadores, es decir, al diablo y sus fuerzas”. Las heridas que sufrió son varios pecados tal como dice David: “Por mi insensatez han crecido en mi rostro las heridas y las llagas pudriéndose”. Porque cada pecado produce heridas y llagas. Samaritano es el mismo Cristo el Cual bajó del Cielo a la tierra para sanar al herido hombre. Usó el vino y el aceite para las heridas, es decir, “mezclando Espíritu divino con la sangre vivificó al hombre”. Según otra interpretación “el aceite introduce al logos consolador, el vino rocía y provoca recogimiento, la enseñanza recolecta la esparcida diania (mente). Le puso a su propio caballo, es decir “tomando la sarx (cuerpo y carne) sobre sus propios hombros de la deidad y subió al Padre en los cielos”. A continuación el buen Samaritano, es decir, Cristo, condujo al hombre “al albergue grande, amplio y majestuosos, en esta misma Iglesia universal”. Le entregó al responsable del albergue que es el Apóstol Pablo y “a cada Iglesia mediante el Apóstol Pablo a los sacerdotes, maestros y funcionarios” diciendo “ocúpate del laós de las Naciones, el cual te lo he entregado dentro en la Iglesia”. Porque los hombres se enferman y están heridos por sus pecados, sánales dándoles los verbos proféticos y las enseñanzas evangélicas, haciéndoles saludables mediante las instrucciones, doctrinas, consejos, ruegos y consuelos del Antiguo y Nuevo Testamento…”.   Así según el divino Crisóstomo, Pablo es aquel que sostiene las Iglesias de Dios “y sanando todos los hombres mediante sus enseñanzas espirituales del nus, repartiendo las adecuadas para cada uno…” 2. (P.G. 62,755-757).

En esta interpretación del divino Crisóstomo se ve claramente que la Iglesia es el Hospital que sana a los enfermos del pecado y los obispos-sacerdotes, tal como el Apóstol Pablo, son los terapeutas del laós (pueblo).

Estas verdades se ven también en muchos puntos del Nuevo Testamento. El Señor decía que “… no tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos” (Mat.9,12). También Cristo como médico de nuestras psiques y cuerpos sanaba cada enfermedad de la psique y del cuerpo. “…curando todas las enfermedades, dolencias y males del pueblo… Le traían todos los que tenían dolencias, depresiones, aquejados de diversas enfermedades, sufrimientos y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos” (Mat.4,23-24). El Apóstol Pablo conoce bien que la conciencia de los hombres se enferma, principalmente de la gente sencilla. (1ªCor. 8,12). También se refiere en la Apocalipsis que el Evangelista Juan ha visto un río de agua que emanaba del trono de Dios y del cordero “en medio de la plaza de la ciudad y a un lado y otro del río existía el árbol de la vida… las hojas del árbol serán medicina para sanar a las naciones”, (Apoc.22, 1-2).

Así la obra de la Iglesia es terapéutica. Aspira a sanar las enfermedades de los hombres y principalmente las psíquicas que les torturan. Esta es la enseñanza básica del Nuevo Testamento y los Padres de la Iglesia. A continuación de este capítulo como también en otros muchos se expondrán muchos pasajes de los Padres que revelan esta verdad.

De todos modos volviendo en este punto recalco que debemos de ver la necesidad de la Iglesia. Al profesor de Universidad padre Romanidis le debemos mucha gratitud porque en sus obras insiste mucho en esta realidad. Presenta en nuestra época esta verdad olvidada. Tengo la convicción que el mencionado profesor estudió muy bien a los Padres Nípticos y principalmente las obras que están contenidas en la Filocalía por eso captó bien el verdadero significado del Cristianismo Ortodoxo. Creo que en este punto se encuentra la gran contribución del padre Romanidis. Porque en esta época que el Cristianismo se presenta como filosofía o racionalismo estéril (teología encefálica) o como una cultura y tradición del pueblo (costumbres, y pietismos laicos), él presenta esta enseñanza sobre ciencia terapéutica e instrucción.

Dice concretamente. “La fe en Cristo si uno no sufre sanación en Cristo de ningún modo es fe. Se trata exactamente de la misma contrariedad que presenta un enfermo que teniendo mucha confianza a su médico no aplica nunca la instrucción que aquel le recomienda. Para una correcta consideración de esta terapia en relación con el mundo en general se debe de apuntar que: si el profético Judaísmo y su sucesor el Cristianismo hubiesen aparecido por primera vez en el siglo veinte seguramente se hubiesen calificado, no como religiones, sino como ciencias médicas parientes de la psiquiatría con amplísimas repercusiones en la sociedad, debidas al éxito de sanar en varios grados la enfermedad del funcionamiento parcial de la personalidad. De ninguna manera se podrían tomar como religiones que con distintas formas mágicas y cultos prometen huida del supuesto mundo de la materia y del mal o la hipocresía en un supuesto mundo espiritual de seguridad y éxito” 3. (P. Romanidis: “Jesús Cristo la vida del mundo”, págs 28-29).

En otra obra el mismo Profesor insiste sobre esta verdad: “En su naturaleza la Tradición Patrística no es filosofía social, ni un sistema ético, tampoco un dogmatismo religioso sino instrucción terapéutica. En este punto se parece mucho con la medicina principalmente con la psiquiatría. La noerá (del nus) energía de la psique que ora noeramente (espiritualmente) sin cesar en el corazón es un órgano fisiológico que todos lo tienen y el cual necesita terapia. Ni la filosofía ni ninguna de las conocidas ciencias positivas o sociales pueden sanar este órgano. Sólo la instrucción níptica o ascética de los Padres conduce en la terapia de este órgano… Por eso el no terapiado ni siquiera conoce la existencia de este órgano”. 4. (P: Romanidis: Padres Románicos de la Iglesia. T. 1º págs 22-23).

Así dentro en la Iglesia nos distinguimos en personas enfermas que sufren la instrucción terapéutica y en hombres (los santos) que se han sanado. “… para los Padres los hombres no se separan en morales e inmorales o buenos y malos a base de los cánones éticos. Esta separación es superficial. En el fondo se distingue la humanidad en hombres enfermos psíquicamente, en los que se están sanando y en los sanados… Todos los que no están en el estado de iluminación están enfermos psíquicamente. No es sólo la buena voluntad, la buena decisión, la acción ética y la dedicación en la Tradición Patrística que hace al Ortodoxo sino la catarsis, la iluminación y la zéosis o glorificación. Los estadios de esta terapia son la finalidad de la vida mistiríaca (sacramental) de la Iglesia tal como lo testifican los textos litúrgicos” 5. (Idem pag. 27).

Ortodoxia Psicoterapia Capítulo 1 Ierózeos Vlajos

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