¿Durante la celebración del misterio de la Divina Efjaristía la presencia de Cristo es real, pragmática o se trata de una presencia simplemente simbólica, espiritual?

Logos de los Santos Padres Elenortodoxos

Es un tema muy importante y concierne a todos, porque debemos tener una concienciación del gran tema sobre el Misterio de la Divina Efjaristía. Porque no hay mayor cosa, no sólo en nuestra vida, ni en nuestra tierra y ni en el universo entero; no sólo en el universo entero sino también en el mundo espiritual y de los santos ángeles, no existe mayor cosa que el Misterio de la divina Efjaristía. Es el puntal, lo culminante de todo lo que vale. Delante de este Misterio no vale ni este universo. Nada tiene el valor que valía que tiene esto, porque es el cuerpo y la sangre de Cristo.

Ahora voy a contestar a esta pregunta y en principio voy a rectificar una palabra que dice aquí: “durante el Misterio de la divina Efjaristía”. Es decir, quiere decir aquel que pregunta: lo que dura la Divina Liturgia, ¿tenemos presente a Cristo?, cuando acabe la Divina Liturgia entonces, ¿no está presente Cristo? Y, por consiguiente, ¿el Misterio de la Divina Efjaristía es el pan y el vino tal como estaban desde el principio?. Es desaprobada esta formulación o descripción de “durante”. Pero para los protestantes no es desaprobada, porque ellos creen en esto: Que el Cristo está presente durante la Divina Liturgia, pero presente, ¿en qué sentido?. Presente por el pan o dentro del pan y así la presencia de Cristo entonces es espiritual y de una manera concreta para poder comulgar a Cristo. Estas cosas no son ortodoxas. El Cristo permanece fijamente, o más bien, está permanente en el pan y en el vino, consagrados. Simplemente, ¿cómo podríamos mantener el pan consagrado del Gran Jueves Santo?. Porque el Jueves Santo, cuando celebramos la Liturgia tenemos dos Corderos, igual tenemos cada domingo de la gran cuaresma para celebrar las presantificadas. Tenemos, por ejemplo, dos presantificadas, miércoles y viernes o puede ser que tengamos más. Ponemos en la santa patena tres panes en el sentido de corderos. Uno se utilizará el mismo domingo y los otros dos se utilizarán miércoles y viernes porque ya se han consagrado. Por eso se llama la Liturgia presantificada. Es decir, tenemos cuerpo de Cristo que lo guardamos para celebrar la Liturgia, que no es una Liturgia entera, plena, sino que es una celebración que ya enmarca el existente pan consagrado para que comulguemos cuerpo y sangre de Cristo. Por eso las presantificadas no son Liturgias normales.

Entonces, si Cristo estuviera sólo durante la celebración de la Divina Liturgia, entonces no debería ser válido el caso cuando mantenemos el pan consagrado para la Divina Comunión, tanto para las presantificadas como para todo el año cuando tenemos que dar a comulgar a los enfermos u otros casos especiales. Por lo tanto, esto no es correcto. Siempre es cuerpo y sangre de Cristo. Tened en cuenta que los protestantes que aceptan una fina presencia de Cristo, una presencia espiritual, después de la celebración de la Liturgia tiran la Divina comunión al fregadero, porque simplemente es un símbolo. Comulgan y lo que sobra lo tiran en la fregadera como inútil. Porque lo consideran como un mero simbolismo del cuerpo de Cristo, tal como aquí lo expresa la pregunta o como presencia espiritual de Cristo. Estas cosas son inconcebibles por parte de la Ortodoxia.

Hijos míos, esto que tenemos es realmente el cuerpo y la sangre de Cristo. ¿Cuánto real puede ser el cuerpo y la sangre de Cristo? Hay infinidad de pasajes de los Padres cómo han vivido ellos personalmente el Misterio de la Divina Efjaristía, que es tal como fue entregado por los santos Apóstoles en la Iglesia. Además, tenemos pasajes dentro de la misma Santa Escritura. El mismo apóstol Pablo dice: “Aquellos que comulgan el cuerpo y la sangre de Cristo sin discernimiento, no es de extrañar que no pocos enferman y mueren”. Qué quiere decir, “¿sin discernimiento?”. Quiere decir, que creen que comulgan sólo pan puro y no disciernen que es el cuerpo y la sangre de Cristo. No es pan común ni simboliza a Cristo, ni tenemos presencia espiritual de Cristo, ni el Cristo está escondido dentro del pan. Sino que este pan es el cuerpo de Cristo y este vino es la sangre de Cristo. Dice san Cirilo que el pan que vemos después de la consagración de los regalos venerados no es pan común, aunque en el sabor parece que sea pan, sino que es cuerpo de Cristo. Y el vino visible no es vino normal sino que es sangre de Cristo aunque su sabor querría sentirlo como vino. Es decir, os lo diré muy sencillamente. ¿Quién podía imaginar y descubrir que detrás de la naturaleza humana de Cristo estaba escondido el divino Logos, la deidad?, nadie. Si esto lo viesen los demonios, temblarían. Nunca se atreverían los demonios tentar al Señor, como el satanás tentó en el desierto o le subió en la Cruz. ¿Se atreverían alguna vez a condenar al Señor, Pilatos, Herodes el Antipa, Caifás y Anás, si vieran la deidad de la naturaleza humana?, nunca. Significa que no veían la deidad y es muy natural que no la vean. Porque la deidad ni los ángeles la ven. Por lo tanto, era el Dios que se hizo hombre, pero veían a un hombre simple. O sea, que es la misma realidad, porque lo dijo el mismo Cristo. Él dijo: su cuerpo es pan y su sangre es vino. Si no lo diera Él, nadie podría sostener que es una realidad. Por lo tanto, viendo ahora el vino y el pan, es como si entonces viéramos una persona con rostro humano que no sospechamos en absoluto qué hay detrás de ella. Lo mismo aquí, vemos vino y pan y nuestros sentidos nos informan esto, pero es el mismo Cristo que no se ve. Algunos intentan crear una falsa sensación en sí mismos y se dicen: mira, sabes, es sangre de Cristo. ¿Porqué esto?. En el tema de los sentidos no hace falta, sobra, es innecesario, porque el Cristo está en el Misterio y realmente es Su cuerpo y Su sangre.

Por eso dice san Juan el Damasceno: “Que la metábole, transubstanciación se hace por el Espíritu Santo.” Lo decimos esto, como imploración: Padre, manda tu Espíritu Santo, para hacer los regalos que nosotros te hemos ofrecido, el vino y el pan que están delante de ti y te los hemos ofrecido, cámbialos con tu Espíritu Santo en cuerpo y sangre de Cristo. Así que el Espíritu Santo que lo manda el Padre transforma los regalos en cuerpo y sangre de Cristo.

Aquí pido atención, es la misma manera que se encarnó el Dios Logos en las entrañas de la Zeotocos (la que da a luz a Dios), por eso el Arcángel Gabriel dice a la Zeotocos, porque ella preguntó: ¿cómo se hará esto?. El Padre complació en mandar su Espíritu Santo para que te ensombrezca y este será el que encarnará al Logos. Así pues, tal como se encarnó el Logos en la entrañas de la Zeotocos, “el Logos se hizo sarx cuerpo con carne y sangre” (Jn, 1,14), el Espíritu Santo trabajó la encarnación, entonces de la misma manera tenemos la metábole, transformación del vino y el pan en cuerpo y sangre de Cristo. Si pues, creemos que el Hijo de Dios se hizo hombre, de la misma manera creeremos que lo que comulgamos es cuerpo y sangre de Cristo. Si no creemos que es cuerpo y sangre de Cristo, entonces no creemos que el Hijo de Dios se hizo hombre. Porque es la misma praxis. Pero preguntaréis. ¿Qué es este cuerpo de Cristo?, ¿cómo y quién es?. ¿Es el cuerpo de Cristo el mismo antes o después de la resurrección?. El cuerpo de Cristo no lo podemos diferenciar antes o después de la Resurrección. El cuerpo de Cristo es uno y siempre estaba glorificado, esto se vio en la Metamorfosis, y como incorruptible e inmortal después de la Resurrección. Pero por concesión y condescendencia el cuerpo de Cristo estuvo entre nosotros como supuesto enfermo y la supuesta muerte. El cuerpo de Cristo no era mortal, sería curioso que fuera mortal, sino que concede que se convierta en mortal para pasar el trámite de la muerte. Porque en el cuerpo de Cristo ocurre esto que nosotros pasaremos y nos abre el camino. Atención pues, el cuerpo de Cristo siempre es el mismo, únicamente que antes de la Cruz aparece como mortal y pasible y después de la Resurrección al igual que antes como mortal y pasible. Porque así lo quiere el Señor, pero es el mismo cuerpo.

La confesión de Dositeo de Jerusalén dice: ¿Qué cuerpo comulgamos?. El cuerpo de aquel que se encarnó en las entrañas de la Zeotocos y que fue crucificado, resucitado y ascendido y que se sienta a la derecha de Dios y Padre y que volverá a venir para juzgar al mundo. Este cuerpo, dice el santo, que comulgamos.

San Juan el Crisóstomo dice: Aquello que comulgamos no es de inferior importancia que aquello que comulgaron los alumnos cuando el Señor les dijo: “Tomad y comed este es mi cuerpo”. Es cada Liturgia, cada Templo o mejor dicho, cada Santa Mesa la Santa Cena de los alumnos del Gran Jueves Santo. Esto pues, es lo que comulgamos, por eso tenemos mucho cuidado en que no se derrame, que no caiga nada al suelo, por eso tenemos cuidado que no sea incorrecta la manera en que vivimos y no comulgar indignadamente, etc. Por eso nos preparamos, por eso decimos atención, cuidado que vas a tomar la Divina Comunión. O cuando uno comete algún pecado le decimos, ten cuidado no se te ocurra tomar la Divina Comunión, se lo recalcamos, ¡atención!. ¿Por qué atención?, porque es así. Por eso hay una oración en la Divina Liturgia que dice que no comulguemos injustamente sino en nipsis-sobriedad de la psique, la absolución de los pecados, en vida eterna y en completar la realeza de Dios.

Así pues, tenemos realmente el cuerpo y la sangre de Cristo, Decidme pues, ahora. ¿Existe algo superior a Cristo, que es el creador de todo? No. Hoy, pues, tenemos el cuerpo y la sangre de Cristo que es superior a todo el universo, del mundo angelical y de cualquier cosa que exista en la creación. Es lo puntal, lo culminante, porque es el mismo Creador encarnado. Hoy vivimos el Misterio de Cristo. Mañana, cuando nos encontremos en Su Realeza, le veremos, como dice el evangelista Juan, cara a cara.

Debo de deciros que el Dios a veces concede y esto ocurre hasta hoy y también lo apunta en sus obras san Simeón de Tesalónica que, puede alguna vez aparezca dentro del Santo Cáliz sangre y carne real. Y sobretodo dice lo siguiente: Puede ser que Dios lo haya permitido por la increencia de alguien. Y le encomienda el santo al sacerdote, ¡atención!, no comulguéis de esto que es visible como sangre y carne, es decir, que los sentidos lo perciben. Cuidado, no des la comunión de esto, sino que toma del pan consagrado del Jueves Santo y con esto comulgarás a las personas. Y Dios cuando complacerá quitará esta visión del Santo Cáliz, cuando los sentidos lo ven como sangre y cuerpo. Veis, esto no lo acepta la Iglesia, sino sólo que sea en Misterio, no quiere verlo. Hay algunos que son vanagloriosos y piden que quieren verlo, es terrible. Es inútil que os diga que tenemos muchísimas visiones de sacerdotes y de laicos, es decir, santos que realmente vieron dentro del Santo Cáliz, no carne y sangre, sino el mismo Cristo como niño. Es terrible, y si digo terrible, quiero decir que crea dentro del hombre un gran temblor y mucho terror. Porque, dice san Juan Crisóstomo que conoce una persona, y esta persona seguro que es él mismo, que ve a ángeles cuando hace la Divina Liturgia. Y los ángeles, ¿de qué forma se disponen alrededor de la Santa Mesa?, pues, con temor y miedo, porque es en honor del yaciente Cristo.

Y cuando los sacerdotes damos la comunión a alguien que está moribundo, los ángeles llevan su psique, obviamente si este ha comulgado dignamente. Tal como dice en la parábola del rico y de Lázaro, que los ángeles tomaron la psique de Lázaro. Dice san Crisóstomo, ¿no fue bastante que un ángel llevara su psique?, no. Pero no es en honor de la persona que llevan sino en honor del cuerpo y sangre de Cristo que ha comulgado el creyente. Esto referente a esta pregunta y debemos de vez en cuando renovar este conocimiento para que sepamos qué es exactamente lo que comulgamos.

 

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Traducido por Jristos J.  

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